Los ejemplos de excelencia se dan en circunstancias nacionales. Kenia es el país africano con mayor número de medallas olímpicas. China ha aumentado sostenidamente su número de preseas en los últimos veinte años.
La celebración de los Juegos Olímpicos en Beijing es un ejemplo vivo de la importancia del esfuerzo económico, físico y mental para obtener metas y reconocimientos en una disciplina elegida.
Para comprobar la importancia de los recursos económicos, basta con observar el desempeño de países capitalistas y “socialistas” en las distintas ediciones de estas competencias.
Un país como EE. UU., ciertamente no tiene el 25 % de la población mundial ni tampoco el mismo porcentaje del talento deportivo, pero sí que tiene, según mis cuentas, más o menos esa proporción de medallas con respecto al total otorgadas.
Del mismo modo, Cuba, que cuenta con tan solo 11 millones de habitantes, tiene por lo menos 30 veces el número de medallas que tiene la isla que le queda al lado; es más, según algunas cuentas, tiene más oro que todos los países de la región sumados.
Para comprobar estas aseveraciones, hay un mapa en la página interactiva del NY Times actualizada diariamente y que muestra la distribución geográfica de las medallas a través del tiempo.
El segundo ejercicio que demuestra la importancia de la dedicación sobre el desempeño, es el relativo a la participación y consecuente premiación de las mujeres en este tipo de contienda.
El primer campeón conocido de juegos de la antigüedad obtuvo su presea en el año 776 aC. No es hasta más de 400 años después cuando se tienen noticias de una campeona olímpica.
Asimismo, en las primeras olimpíadas modernas (Atenas, 1896) no hubo ni siquiera una deportista femenina. Es más, hasta hay evidencias de que en algunas de las primeras olimpíadas del siglo XX alguna de las “mujeres” ni siquiera lo eran en el sentido cromosomático estricto.
En Atenas 2004 eran el 40.7 % de los contendientes.
Estos son aumentos en los logros debido al crecimiento del esfuerzo físico de las mujeres, o por lo menos, de su posibilidad de exhibirlo. Como ejemplo de la importancia del esfuerzo mental, tenemos las carreras masculinas del 16 de agosto.
Las noticias dominicanas dan cuenta de que “Félix Sánchez no ganó la carrera de los 400 metros”, lo cual es estrictamente cierto; pero hasta ahora no resaltan la diferencia entre este lamentable resultado y el de Usain Bolt, ganador de los 100 metros planos, el hombre más veloz del mundo en el momento actual, un jamaiquino que tiene una relación muy estrecha con su entrenador y cuyo régimen no permite escuchar música por diversión, ni hacer ningún tipo de turismo en China.
En oposición, horas antes de correr, el dominicano Félix Sánchez se enteró del deceso de la mujer que lo crió, información difícil de digerir y que seguramente tuvo una influencia negativa en su capacidad física.
(Por Jeanne Marion-Landais)
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