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Desde Santa Clara, Cuba.

Categoría: Del lenguaje

08/07/2008 GMT 1

El gran libro de los insultos

mediaz @ 01:03

libroEl autor de El gran libro de los insultos, Pancracio Celdrán, afirma que este trabajo demuestra que "para insultar, no hay idioma como el castellano. El insulto castellano es directo y rápido, audaz, como un tiro". "La lengua española se caracteriza por la variedad y enjundia del léxico ofensivo y por su gracia", afirma Celdrán, que en su libro cita y explica términos como 'guarripanda', 'gandido', 'dondorondón' o 'culichichi'.  

Su obra ofrece insultos para todas las situaciones, desde los ladrones y maridos aparentemente engañados; "chulos destemplados, soberbios montaraces, granujas disculpables o pobres hombres arrinconados por la vida, hasta los relacionados con la sexualidad, con el hambre o con los numerosos habitantes del reino de los tontos, pícaros, mentecatos, bobos y truhanes".  

En El gran libro de los insultos, que tiene más de mil páginas, hay insultos desconocidos por completo, como 'gandido', es decir, "muerto de hambre, desgraciado y menesteroso que no tiene dónde caerse muerto".  

En Canarias, 'culichichi' se le dice al chismoso o a quien carece de importancia social. En Madrid, se llamó 'culuchiche' al cursi. El gran libro de los insultos incluye algunos términos que se usan en América, como 'cusca', 'cojudo', 'gringo', 'guaje' y 'guanajo', entre otros, pero sin ánimo de ser exhaustivos porque, como dice Celdrán, "sólo para México se necesitaría otra obra como esta".  

México y Argentina son "los más ingeniosos a la hora del insulto", afirma Celdrán, quien en su extenso prólogo incluye una disposición laboral distribuida entre los empleados de una multinacional en Argentina: "No se utilizarán voces y expresiones tales como 'carajo', 'me da por el quinto forro', 'es una bosta'.  

Para no caer en la monotonía del insulto único, el humorista Forges en el prefacio del libro y con su habitual ingenio sugiere improperios como: 'jilimuermo', 'tertuliano', 'poliputo', 'concejal de urbanismo' y 'cabronoide'.

(Fuente: Elcastellano.org)                             

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07/07/2008 GMT 1

Sobre siglas y acrónimos

mediaz @ 12:01

siglasEn ocasiones se oye hablar de siglas y acrónimos, y no sabemos con exactitud cuándo se trata de un caso u otro.

Por sigla se entiende tanto la palabra formada por las iniciales de los términos que integran una denominación compleja —se exceptúan generalmente preposiciones y artículos—, como cada una de esas letras iniciales.

Las siglas se utilizan para hacer referencia, de manera abreviada, a organismos, empresas, objetos, sistemas, asociaciones, etc. Y se da el caso de que muchas siglas llegan a incorporarse como sustantivos al léxico común.

Existen siglas que se leen tal como se escriben, las cuales reciben también el nombre de acrónimos. Algunas resultan impronunciables, lo que nos obliga a deletrearlas. Por ejemplo: DDT se lee de-de-te.

En cuanto a la escritura de las siglas, pueden hacerse las precisiones siguientes:

a)       Se escriben sin puntos ni blancos de separación: ISBN.

b)       Normalmente presentan en mayúsculas todas las letras que las componen, y en ese caso nunca llevan tilde. Las siglas que se pronuncian como se escriben, es decir, los acrónimos, se pueden escribir solo con la inicial mayúscula si se trata de nombres propios y tienen más de cuatro letras: Unicef, Unesco; o con todas las letras minúsculas si se trata de nombres comunes: ovni. Los acrónimos que se escriben en minúsculas deben someterse a las reglas de acentuación del español: láser.

c)       Cuando los dígrafos ch y ll forman parte de una sigla, va en mayúscula el primer carácter y en minúscula el segundo: PCCh (Partido Comunista de China).

d)       Aunque en la lengua oral tienden a tomar marca de plural, las siglas son invariables en la escritura: las ONG. Por influencia del inglés a menudo se tiende a formar el plural de las siglas añadiendo al final una s minúscula, precedida o no de apóstrofo (CD’s, ONGs). Ambas formas deben evitarse.

e)       Las siglas adoptan el género de la palabra que constituye el núcleo de la expresión abreviada: el FMI (Fondo Monetario Internacional), la OEA (Organización de Estados Americanos). Por otra parte, debe tenerse en cuenta que las siglas son una excepción de la regla que obliga a utilizar la forma el del artículo cuando la palabra femenina que sigue comienza por a- tónica; así, se dice la APA (y no el APA), por Asociación de Padres de Alumnos, ya que la palabra asociación no comienza por a- átona.

Acrónimos

Un acrónimo es, por un lado, el término formado por la unión de elementos de dos o más palabras: docudrama, de documental dramático; MERCOSUR (Mercado Común del Sur). Por otro lado, también se llama acrónimo a la sigla que se pronuncia como una palabra: OTAN, ovni, sida.

Es muy frecuente que estos últimos, tras una primera fase en que aparecen escritos con mayúsculas por su originaria condición de siglas (OVNI, SIDA), acaben por incorporarse al léxico común del idioma y se escriben entonces en minúsculas, salvo, naturalmente, la inicial  cuando se trata de nombres que exigen la escritura de esa letra con mayúscula (Unesco, Unicef). Cuando se escriben con minúsculas deben someterse a las reglas de acentuación del español: láser, radar.

Una vez que se hayan incorporado al léxico común, deben atenerse a las reglas generales de formación del plural en español: ovnis, radares.

Fuente: Real Academia de la Lengua Española (2006). Diccionario esencial de la lengua española, Espasa Calpe, Madrid.

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04/07/2008 GMT 1

Consideraciones sobre la palabra «algología»

mediaz @ 14:30

Esta especialidad de la Medicina está dedicada al estudio, diagnóstico y tratamiento del dolor.

La especialidad de la Medicina dedicada al estudio, diagnóstico y tratamiento del dolor, así como sus manifestaciones relacionadas, ha recibido varias denominaciones desde su aparición (hace más de medio siglo). Quizá para aplicar vocablos que fuesen comprendidos por el personal médico, paramédico y, sobre todo, por el público, se adoptaron términos como clínica del dolor, manejo del dolor, y aun la organización internacional que se formó primero y que ha guiado la nomenclatura de esta incipiente especialidad se tituló International Association for the Study of Pain (IASP), la cual ha incorporado a especialistas de diferentes disciplinas y al mismo tiempo se ha asegurado de no tratar de invadir los territorios de otras especialidades afines o complementarias.

En lugar de nombrarse con un vocablo proveniente de una raíz griega, seguida de logos o logia, como lo han hecho la gastroenterología, proctología, otorrinolaringología, oftalmología, se ha llegado al extremo de incluir la palabra que precisamente describe el síntoma predominante a tratar: dolorología. En 1997, en una sesión de planificación para escribir y publicar un libro en castellano sobre esta disciplina, se produjo una acalorada discusión cuando se debatió si llamarlo Tratado de algiología o de algología.

Actualmente tanto el público como los profesionales han madurado lo suficiente quizá para reconocer una especialidad ya establecida. Hemos hecho una revisión de los diferentes diccionarios y enciclopedias de los idiomas castellano e inglés, y ahora pretendemos proponer un vocablo que defina el nombre específico de la especialidad e identifique a los médicos dedicados a ella. Los vocablos contendientes son algiología vs. algología, de modo que procederemos a identificar las bases que nos han llevado a una decisión lógica, práctica y aceptable cacofónicamente hablando en cualquier derivación.

En 1953 Bonica definió los siguientes términos:

Algología: ciencia que estudia el dolor, sus manifestaciones y tratamiento.

Algólogo: médico especialista en el estudio y tratamiento del dolor.

Estos mismos términos han sido adoptados por algunas sociedades profesionales, como la Asociación Mexicana para el Estudio y Tratamiento del Dolor (AMETD) desde 1980; sin embargo, al buscar antecedentes desde el punto de vista semántico que apoyaran tal vocablo, encontramos que en 1928 el Gran diccionario inglés/español de Arturo Cuyas definió el vocablo algology como el estudio de las algas, término también aplicado por Webster en su diccionario en 1951. Además, en la Nueva enciclopedia Sopena se define la palabra algología como “tratado de las algas”, y al algólogo como la “persona versada en algología” o “científico que investiga sobre las algas y estudia sus propiedades y aplicaciones”, a diferencia de las definiciones que nosotros les hemos atribuido.

Subsecuentemente, en el Nuevo diccionario de la pronunciación de las lenguas inglesa y española en 1957, Mario Velázquez define el vocablo algología en ambos idiomas como la “rama de la botánica que trata las algas marinas”. En 1960 el Diccionario del español moderno de Martín Alonso también lo define como el “tratado de las algas”; en 1976, el Diccionario enciclopédico quillet se refiere a la algología como la parte especializada de la botánica que trata el estudio de las algas, derivada del latín alga=alga y logos=tratado, voz griega. Asimismo, menciona el vocablo algio (algios, voz griega que significa dolor) como prefijo en algunas palabras compuestas, por ejemplo, algioglandular: perteneciente a una acción glandular resultante de un estímulo doloroso; algiometabólico: perteneciente a cambios metabólicos resultantes de estímulos dolorosos; algiomotor: producto de movimiento doloroso con espasmos o disperistalsis.

No es hasta los años 70 cuando aparecen definiciones en la literatura médica, como en el Diccionario terminológico de las ciencias médicas y en el Diccionario de términos médicos inglés/español, español/inglés publicado en 1976, en el que se incluye en inglés el término algology, traducido al español como algología para definir “la ciencia que estudia el dolor, sus manifestaciones y tratamiento”, y usa el vocablo algologista para nombrar al especialista en algiología. Según las aplicaciones tangenciales de Nalda, Felipe, García Olivera y la obra maestra de Bonica, se propuso el concepto de relación interdisciplinaria, de lo que se derivó la necesidad de identificar una especialidad médica y a los especialistas que se dedicarían a ella.

Por otro lado, el vocablo algia está definido en diferentes diccionarios de la lengua española y en inglés, de términos médicos (del griego algo), como elemento de la formación de algunas voces españolas con el significado de dolor. Se agrega además: “palabra de procedencia griega que significa dolor, dolencia. Se emplea generalmente para indicar un dolor localizado en puntos bien circunscritos de la superficie cutánea. Como sufijo, la palabra algia origina una serie de nombres compuestos que indican diversas formas de dolor: neuralgia, cefalalgia, lumbalgia”.

Pensamos que el error semántico surgió porque las personas que acuñaron y tradujeron los vocablos algology y algologist no consideraron que tal término ya había sido adoptado para otra disciplina diferente, la referida a las algas. El famoso miembro de la Real Academia de la Lengua Española Pedro Laín Entralgo señala que existe una mala aplicación de una palabra que debía ser incluida en el lenguaje médico de los desórdenes funcionales, los cuales son aquellos que afectan la significación de la palabra pronunciada o escrita.

En efecto, hay palabras usadas correctamente en cuanto a la forma escrita e incorrectamente aplicadas en cuanto a su función significativa; el vicio semántico pudo haber surgido en el proceso de formación de un vocablo cuyo verdadero significado se ignora, por ejemplo, cuando algunos usan el término álgido para referirse a críticamente doloroso, olvidando que álgido significa helado. No debe sorprendernos que los términos algólogo y algología causen confusión, porque la mayoría de la gente identifica el vocablo algo como un pronombre indefinido y no con la acepción de dolor que irónicamente podemos malinterpretar con el algólogo como el especialista en algo y ¿en qué?, pues el Diccionario enciclopédico quillet define algo como (del latín aliquod, en el sentido aliquid: alguna cosa) pronombre indefinido que funciona como un sustantivo masculino y expresa el concepto general de cosa sin otra determinación que su simple existencia y se opone a nada.

De igual forma, el Diccionario de la lengua española publicado bajo la dirección de José Alemany, de la Real Academia Española y editado por Ramón Sopena, sin fecha de edición, pero con una lista de obras consultadas, de las cuales la más reciente (1917) define algología (de alga y logos, tratado) como el tratado de las algas, y algólogo como persona versada en algología. Tal cita bibliográfica antecede cualquier cita en la literatura médica. Otros términos, como algesia, también han sido propuestos para referirse a una decisión dolorosa, pero no implica precisamente dolor como tal y no es afín a las otras especialidades médicas ya mencionadas. Además, la palabra algesiologista es cacofónicamente inaceptable; diferentes autores han publicado definiciones casi iguales de una exagerada sensación del dolor o específicamente definiendo su significado (griego algesis=sufrimiento), del que obviamente no es sinónimo de dolor y tiene otras implicaciones de circunstancias emotivas.

Otro vocablo que se ha sugerido es dolorología, que además de padecer el mismo problema al hablarse, se limita a naciones que tienen idiomas derivados del latín, por lo que también es inadmisible cacofónicamente, sobre todo cuando se aplica al especialista o dolorólogo, si esperamos usar un término único que sea aceptado, entendido y aplicado globalmente. Definitivamente es necesario identificar la especialidad y a los especialistas con un término apropiado y específico que todos entiendan y que eventualmente el público acepte. No es posible que algología y algiología sean homónimos para definir dos ciencias completamente diferentes: en botánica y en medicina, pues se crea una confusión inaceptable.

En conclusión, teniendo en cuenta el uso previo de algología por otra disciplina y reconociendo que quizá se provoque cierto debate, queremos proponer a la comunidad de algiólogos los siguientes vocablos y sus definiciones:

• Algiología es la ciencia que estudia el dolor, sus manifestaciones, diagnóstico y tratamiento.

• Algiólogo sería el médico especialista en el diagnóstico, tratamiento y el estudio del dolor.

Además de ser más eufónicos, pueden ser más identificables con el dolor, ya que estamos acostumbrados a la aplicación del sufijo algia como cefalalgia, braquialgia, otalgia. La Real Academia de la Lengua Española insiste en que no puede imponer términos, sino que los define para que los hispanoparlantes los usen y así eventualmente sean adoptados permanentemente. Asumiendo que los algiólogos los acepten, nos incumbe informar a colegas, pacientes, autoridades, escritores y demás, para que esa aceptación se difunda entre todos los grupos del sector de la salud y el público.

De esta forma cumplimos con la norma de la Real Academia y aplicamos el principio propuesto por José Alemany: “el lenguaje no se estanca; está sujeto a evolución, mientras es lengua viva, remózase constantemente, y, al propio tiempo, incorpora a su caudal nuevas voces y expresiones”.

Por Dr. Juan Ríos Girard y Dr. Jorge Aldrete

Revista Dolor Clínica y Terapia

Vol. V/ No. 8/ Mayo/2008

 

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30/06/2008 GMT 1

Género y sexo en castellano

mediaz @ 13:32

Hablar de «violencia de género» es traducir mal el término inglés gender que en español se aplica sólo a las cosas. En nuestra lengua se debe decir «violencia doméstica» o «violencia sexual», como nos indica la Academia Española y nos explica Avelino Alonso en este artículo.


Ya hace años que dejé la escuela. Por aquellos tiempos, la gramática me interesaba más bien poco; aun así, estaba en clase el día que explicaron la definición de género. Y presté atención. La gramática se dedica al estudio de las reglas y normas que rigen la construcción de nuestro lenguaje.

género

El género es un elemento gramatical que podríamos definir como «un sistema de clasificación que afecta a los elementos nominales de las lenguas, los cuales son ordenados dentro de un número finito de clases en función de reglas de concordancia». Como lengua indoeuropea, el español hereda del latín una estructura en tres géneros: masculino, femenino y neutro. El número de géneros es variable en función de las características del idioma.

Los idiomas indoeuropeos utilizan el género neutro para indicar aquellas cuestiones en las que el sexo es indiferente. Por ejemplo, el término latino bona (plural neutro) no significaba «los buenos y las buenas», sino «las cosas buenas». En general, el neutro se aplica a conceptos genéricos y abstractos («lo profundo», «lo humano», «lo externo»), aunque hay excepciones («las especies animales»). Pero no hay que confundir entre género gramatical (el varón y la mujer) y género natural (machos y hembras).

Los géneros masculino y femenino no mantienen una relación estrecha con el sexo, hay muchos ejemplos de ello. El mar puede también expresarse en género femenino (la mar); el banco, la mesa, la silla, el sombrero y un largo etcétera, constituyen ejemplos de sustantivos que carecen de sexo y sin embargo poseen género femenino o masculino.

También hay sustantivos que precisan del artículo para definirse por un género u otro (el ciclista o la ciclista). Además de ello, el español tiene la característica de dotar al género masculino de carácter inclusivo, esto es: se utilizan sustantivos de género masculinos para referirse al conjunto de una categoría, actuando como pertenecientes al género neutro. Cuando decimos «los alumnos de una clase», nos referimos tanto a los alumnos, como a las alumnas. Es redundante utilizar expresiones como «los alumnos y las alumnas», o «los vascos y las vascas», porque el segundo concepto está contenido en el primero.

La ministra española de Igualdad ha hecho un uso incorrecto del lenguaje al utilizar el término «la miembra», que simplemente no existe en la lengua española. La moda actual de utilizar un lenguaje «políticamente correcto», inspirado por los principios de un feminismo integrista de raíz anglosajona, está llenando nuestro lenguaje cotidiano de auténticas perversiones, algunas realmente pintorescas. Recientemente asistí a una asamblea en la que el orador utilizaba el término «nosotras» para referirse a la totalidad del auditorio, yo miraba para un lado y para otro, y comprobaba que había una proporción igual de hombres y mujeres. Atónito ante esta circunstancia, pregunté las razones de esa forma de hablar. La respuesta fue más sorprendente: el orador se refería a las personas, por lo que, como es femenino, debía decir «nosotras las personas».

En este punto está la clave de la controversia: en confundir género natural con género gramatical. No son lo mismo. En todo caso, el orador debería de decir «nosotros las personas humanas», porque tanto «nosotros», como «personas», pertenecen al género neutro, son conceptos genéricos, no categorías sexuales.

Toda esta confusión, teñida de progresismo barato, proviene de la penetración de la lengua inglesa en nuestra vida cotidiana. El idioma de la cultura dominante (el inglés) carece de género gramatical. La traducción mimética de sus expresiones conduce a las aberraciones a las que asistimos. Por ejemplo, la expresión «violencia de género» es la traducción literal de «gender violence». Pero el término «gender» no se puede traducir por género, si no en todo caso por sexo (el término correcto sería «violencia doméstica» o «violencia sexual»).

Es el sibilino avance del imperio, que se aprovecha de la ignorancia.

Por Avelino Alonso (Tomado de www.elcastellano.org)

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28/06/2008 GMT 1

Sobre diptongos e hiatos

mediaz @ 01:18

diptongoHay que distinguir bien el diptongo, del hiato y el triptongo.

 

Precisemos que el diptongo es la secuencia de dos vocales distintas pero que se pronuncian dentro de la misma sílaba, como en el caso de siento o suave (sien-to, sua-ve). En el caso de una h intercalada no influye para clasificar como diptongo o hiato una secuencia vocálica. Ejemplo: prohibir, ahínco.

Los diptongos se acentúan siguiendo las reglas generales de acentuación; se consideran diptongos estas secuencias vocálicas: vocal abierta + vocal cerrada o, en orden inverso, vocal cerrada + vocal abierta, siempre que la cerrada no sea tónica: peine, aplauso, huevo, viento, canción. También se incluye el caso de dos vocales cerradas distintas, como en jesuítico, ciudad, veintiún, diurno.

Según el Diccionario panhispánico de dudas, la tilde debe colocarse en los diptongos con una vocal abierta tónica y una cerrada átona, o viceversa, sobre la vocal abierta, como después, náutico o murciélago. En los diptongos formados por dos vocales cerradas, la tilde se coloca sobre la segunda vocal: acuífero, casuística, demiúrgico, interviú.

Aclaremos ahora el caso de los triptongos, que son la secuencia de tres vocales que forman parte de una misma sílaba, como es el caso de a-pre-ciáis. Para que haya un triptongo se deben combinar dos vocales cerradas (i, u) átonas y, en medio de estas, una vocal abierta (a, e, o). En el caso de caía no es un triptongo, aunque haya tres vocales, porque no tienen la combinación de cerrada-abierta-cerrada.

Por último, hablemos del hiato, que es la secuencia de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas: ac-tú-a, pa-ís, ca-er. Desde el punto de vista fonético, son hiatos las combinaciones de vocal abierta (a, e, o) átona + vocal cerrada (i, u) tónica: raíz, laúd, reír, oír. También las de vocal cerrada tónica + vocal abierta átona: daría, ríe, frío; o de dos vocales iguales: azahar, poseer y de dos vocales abiertas distintas: caer, aorta, teatro.

(Fuente: Los muñequitos-PL) 

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25/06/2008 GMT 1

¿Beijing o Pekín?

mediaz @ 17:53

chinaLos cambios de nombres de ciudades o países en los últimos años provocan no pocos dolores de cabeza. La geografía se complica para alumnos de primaria y secundaria en todo el mundo. Pero, sobre todo, las nuevas denominaciones plantean un problema geopolítico.

Abundan los ejemplos para ilustrar la necesidad de un "diccionario" de nombres geográficos. La capital de China es uno de ellos. Su nombre cambió de Beijing a Pekín en 1928, y en 1949 volvió al anterior, que había tenido desde el siglo XV y significa "capital del Norte". Pero lo cierto es que hoy aún se usan los dos nombres y reina la confusión sobre cuál es el correcto. Es más, algunos distraídos creen que se trata de dos ciudades distintas.

En el Diccionario panhispánico de dudas aparece: Pekín. El nombre tradicional en español para designar la capital de China es Pekín (también, raro hoy, Pequín). El nombre Beijing es resultado de la transcripción de los caracteres chinos al alfabeto latino según el sistema «pinyin», desarrollado en China a partir de 1958 con el fin de unificar los diversos sistemas de transcripción del chino aplicados por distintos países. Este sistema se puso en práctica oficialmente en 1979 y es hoy mayoritariamente utilizado por las agencias de prensa. No obstante, se recomienda usar en nuestro idioma el nombre tradicional español, cuyo gentilicio es pekinés (o pequinés, si se utiliza la grafía minoritaria Pequín).

Algo similar ocurre con la capital económica y financiera de la India, que de Bombay pasó a ser Mumbai en 1995, y retomó el nombre que tenía antes de que la rebautizaran los británicos.

Otro ejemplo es Leningrado, que volvió a llamarse San Petersburgo. Aunque por hábito, muchos siguen usando Leningrado. Hay más ejemplos en la ex Unión Soviética: en los 90, tras su disolución, la ciudad armenia de Leninagán volvió a llamarse Gumri, como otras que retomaron sus antiguos nombres.

La existencia de un manual que evite errores "es válida en términos prácticos, siempre que tenga la flexibilidad para admitir futuros cambios. ¿Qué ocurre si hay una revolución en un país y decide cambiar de nombre?".

Helen Kerfoot, responsable del Grupo de Expertos en Nombres Geográficos de la ONU, ha señalado la importancia, para fines cartográficos, de tener "un nombre para un lugar". Por cambios en el uso local o en las fronteras políticas, o reconocimiento de nombres indígenas, los mapas del mundo son permanentemente objeto de análisis y cuestionamientos".

La ex Yugoslavia es otro caso emblemático de transformaciones que repercutieron en los nombres. Croacia, Bosnia Herzegovina y Macedonia son naciones nuevas que muchos todavía no ubican en los mapas.

En Africa, varios países adoptaron nuevos nombres tras cambios políticos. El que alguna vez fue Zaire es ahora República Democrática del Congo. Recuperó este nombre en 1997, cuando el líder rebelde Laurent Kabila derrocó al dictador Mobutu Sese Seko.

Otro ejemplo conflictivo está en Israel. La ciudad que en castellano se conoce como Jerusalén, en hebreo se llama Yerushalayim. Y en árabe tiene otros dos nombres: Urshalim y Al-Quds. Cuál elegir no es sólo una decisión lingüística. Es una definición política.


Fuente: http://www.clarin.com

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24/06/2008 GMT 1

La ministra y la palabra «miembras»

mediaz @ 20:25

En un discurso deslizó intencionalmente la palabra «miembras». Se desató una increíble polémica en la que intervienen hasta integrantes de la Real Academia, ensayistas y grupos de apoyo al feminismo. Unos dicen que el lenguaje no lo acepta, y otro, que es puro machismo.

 

AídoUn gran revuelo y una acalorada polémica generó en España el uso de la palabra «miembras» en un discurso oficial. La atrevida fue la flamante ministra de Igualdad, Bibiana Aído, que apeló a ese neologismo para referirse a las diputadas durante su primera visita al Parlamento para explicar los ejes de su gestión. Pronunció el término de la discordia soltando una pequeña risita. Las feministas lo tomaron como un guiño, pero la propia Aído poco después –y ante la andanada de críticas– dijo que había sido un lapsus, que la palabra se le había pegado porque recién acababa de llegar de Iberoamérica, donde –dijo– “es usual ese término”.

Pero la joven funcionaria no se amilanó y planteó que debería incluirse en el diccionario. Desde la Real Academia Española la defenestraron por la incorrección gramatical. Ella replicó que olía cierto tufillo «machista» en las apreciaciones de los guardianes de la lengua, pues «de los 43 miembros de la Academia solamente hay tres mujeres». Escritores como Julián Marías, el pensador Fernando Savater, lingüistas y feministas se sumaron al apasionado debate. Pocas veces se ha visto –-dicen en España– semejante alboroto a partir de un traspié con el lenguaje –intencional o no– de un(a) integrante del gobierno.

«Me parece increíble que una ministra tenga tan poco rigor, lo encuentro ridículo y negativo. La Academia no inventa, es un notario», sostuvo Ana María Matute, la única escritora que pertenece a la institución. La historiadora Carmen Iglesias y la científica Margarita Salas son las otras dos mujeres que se sientan en la RAE, donde el 93 por ciento es masculino.

Para la Academia el sustantivo «miembro» es un nombre común en género, esto es, un término que sirve para unas y otros (las miembros, los miembros). Pero, vale aclarar, no siempre fue así. Hasta 2005, la palabra «miembro» era considerada por la Academia un epiceno, un nombre asexuado, sin femenino ni masculino, como «víctima», «bebé» o «criatura».

El académico de la lengua Gregorio Salvador descartó de plano que «miembras» pudiera incluirse en el diccionario: «Eso solo se le puede ocurrir a una persona carente de conocimientos gramaticales, lingüísticos y de todo tipo. Además, en España no podemos decidir sobre una lengua que se habla en muchos países». Salvador aludió también a las referencias que hizo la titular de Igualdad al «Consejo de Ministros y de Ministras». «La lengua es un sistema económico de expresión y el masculino vale en este caso como término neutro que sirve para masculino y femenino», manifestó.

El momento en que la ministra de Igualdad utiliza el término del escarnio se puede ver en Youtube. Ahí, en el video, se ve claramente su risita cómplice al pronunciarlo. ¿Por qué, luego, lo habrá adjudicado a un desliz? Las miembras de Aído, curiosamente, no fueron incluidas en la transcripción de su discurso al ser consideradas «incorrectas» por los taquígrafos de la Cámara de Diputados. Las críticas le llovieron. Pronunciar esa palabra fue una «sandez» para el filósofo Fernando Savater, una muestra de «feminismo salvaje» para el escritor Juan Manuel de Prada. El escritor Julián Marías cree que la lengua «es libre» y que cada cual puede hablar como quiera, pero que una mujer pretenda que se diga «‘miembra’ es tan absurdo como si los hombres empiezan a pedir ahora que se diga ‘víctimo’ o ‘colego’». «Sería una estupidez», remató.

Las réplicas en defensa del «miembras» también arreciaron. «Estoy completamente de acuerdo, no sé por qué llama la atención, las mujeres también existimos», dijo Altamira González, presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, una entidad española cuyo objetivo principal es promover la igualdad jurídica entre mujeres y hombres. «El lenguaje es algo que se puede modificar, no sé si ese ejemplo es el más afortunado, pero a mí hace años me cuestionaban que me llamara abogada en lugar de abogado», señaló Consuelo Abril, especialista en violencia machista y presidenta de la Comisión de Investigación de Malos Tratos a Mujeres. «Si es un lapsus, creo que es humano y hasta necesario. Llevamos demasiado tiempo invisibilizando a las compañeras», añadió Ritxar Bacete, de la Red de Hombres por la Igualdad.La presidenta de la Confederación de Mujeres en Igualdad del Partido Popular, Mercedes de la Merced, lo consideró, en cambio, «una forma ridícula de pervertir el lenguaje».

El sexismo del lenguaje comenzó a combatirse a nivel internacional a partir de la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en México en 1975. La Conferencia General de la Unesco, en 1987, recomendó «evitar el empleo de términos que se refieren a un solo sexo, salvo si se trata de medidas positivas a favor de la mujer», y en 1989 aconsejó el uso de lenguaje no sexista a los Estados miembros. En 1990, la Unesco emitió recomendaciones en ese sentido para los documentos de la organización. Ese mismo año la Unión Europea, a través del Consejo de Ministros del Consejo de Europa, aprobó una recomendación para avanzar en la eliminación del lenguaje sexista en los países europeos.

En Argentina, un proyecto de la senadora kirchnerista Marita Perceval que se encamina en ese sentido, tiene dictamen de la Comisión de Población y Desarrollo Humano. La iniciativa propone eliminar el lenguaje sexista de la administración pública nacional, y para eso establece que el Consejo Nacional de la Mujer elabore un manual de estilo con perspectiva de género para que se use en las producciones escritas en todos los niveles del Gobierno. Ya hay antecedentes de iniciativas similares en otros países como en España. La Asociación de Estudios Históricos sobre la Mujer de la Universidad de Málaga elaboró un Manual de lenguaje administrativo no sexista en colaboración con el Ayuntamiento de Málaga, que se comprometió en 2002 –cuando se publicó– a implementarlo en el ámbito público local. «La lengua española no es sexista, aunque sí lo es el uso que de ella se hace», señala el manual de Málaga. Pero «no hay que olvidar que la lengua evoluciona en cada época para responder a las necesidades de la comunidad que la utiliza, de ahí que en una sociedad como la nuestra, en la que se demanda una mayor igualdad entre los sexos, la lengua, como producto social, no solo ha de reflejar esa igualdad, sino contribuir a ella», destacan la autoras, integrantes de la Asociación de Estudios Históricos sobre la Mujer de la Universidad de Málaga.

El lenguaje puede modificarse: los neologismos que periódicamente son aceptados por la RAE dan cuenta de ese movimiento. Los nuevos términos se incorporan al diccionario a partir de la extensión de su uso. Para que se impongan, hay que decir una y otra vez «miembras»: si el vocablo pega, es cuestión de tiempo que se imponga. También es cierto que históricamente el lenguaje ha invisibilizado a las mujeres. Como muestra basta recordar el uso de «hombre» para referirse a la «humanidad». Los ejemplos son múltiples. El lenguaje puede parecer neutro, pero no deja de arrastrar ideología y construir la realidad. Y si no habría que preguntárselo a la dramaturga francesa Olympe de Gouges, que al percatarse en plena Revolución Francesa de que la Declaración de los Derechos del Hombre no las alcanzaba a ellas, publicó en 1791 su manifiesto «Los derechos de la mujer». Y terminó en la guillotina.

(Por Mariana Carvajal. Tomado de: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad)

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21/06/2008 GMT 1

Sobre el origen de algunas frases

mediaz @ 13:53

«…como el Gallo de Morón»

Entre los cubanos es popular la frase: "Se quedó como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando". Muchos piensan que se trata de un famoso gallo originario de Morón, provincia de Camagüey, Cuba. Pues bien, la historia es que el Gallo de Morón ni era un gallo, ni era de Morón, ni tuvo que ver con Cuba.

gallo de MorónSe trata de una leyenda del siglo XVI, cuando el recaudador de impuestos de Granada se presentó en Morón de la Frontera (Sevilla) a ejercer su oficio. Como el sujeto tenía aspecto de matón y forma de actuar muy grosera, se le bautizó como el Gallo de Morón.

Los moronenses se hartaron de sus desplantes y un buen día le atizaron una tunda de palos tan contundente, que este tuvo que marcharse de Morón sin atreverse a volver por más impuestos. De ese episodio surgió una copla popular que decía: Anda que te vas quedando/ como el Gallo de Morón/ sin plumas y cacareando/ en la mejor ocasión.

«la hora de los mameyes»

En el léxico cubano hay una frase que muchos usamos sin conocer su significado: la hora de los mameyes. Esta frase, según cuentan, se originó durante la toma de La Habana por los ingleses.

Durante ese episodio, los habaneros, con esa costumbre tan cubana de ridiculizar a los que no pueden vencer, dieron en llamar "mameyes" a los soldados ingleses por el color del uniforme que vestían: chaqueta roja y pantalón negro.

Por aquella época La Habana estaba rodeada por una muralla que la protegía de corsarios y piratas. Cada noche, a las nueve, se disparaba un cañonazo desde la fortaleza del Morro, para avisar a los habaneros que las puertas de la muralla se cerrarían durante la noche. Y como a esa hora los odiosos "mameyes" se hacían más visibles patrullando las calles, los habaneros bautizaron las nueve de la noche como "la hora de los mameyes".

«...ni el médico chino»

Se habla de un médico chino muy popular,  que acostumbraba recetar a sus pacientes una infusión de una planta a la que el chinito atribuía propiedades curativas maravillosas. Pero sucedió que uno de esos pacientes del mencionado médico chino murió al tomar el cocimiento de esa planta, y el chinito del cuento, con oriental parsimonia, sentenció: “Calamba, palece que ese palito son veneno”.

Otra versión más seria sobre el personaje señala que el verdadero médico chino vivió a finales del siglo XIX en Cuba. Al parecer llegó a La Habana en medio del gran auge migratorio proveniente de esa nación.

Cham Bom Biamera el nombre de este estudiante de Medicina en su patria. Llegó a Cuba con un contrato para realizar trabajos agrícolas en la zona de Coliseo, provincia de Matanzas. Nadie sabe bien cómo el chinito se las ingenió para continuar sus estudios, y una vez graduado empezó a practicar como médico rural en la misma zona donde antes laboraba la tierra. Poco a poco fue adquiriendo fama de buen médico y muy pronto el reclamo lo condujo a ejercer intermitentemente en La Habana.

De todo el país venían a su consulta, donde, se asegura, encontraban solución no pocos de los problemas que ya otros médicos habían desahuciado. Y así, al pasar de los años, el pueblo que es quien definitivamente lo convierte en una verdadera leyenda. Por eso, cada vez que se conoce de un enfermo que está muy mal o se hace referencia a alguien que se ha metido en camisa de once varas, la gente dice: “¡A ese no lo salva ni el médico chino!”.

Pero se cuenta que Cham Bom Biam no fue el único chino de notoriedad en el pasado, pues se recuerda también que, en los primeros años de la República y por las inmediaciones de las calles Zanja y Soledad, en pleno barrio chino habanero, consultó Ramón Lee, quien practicaba la acupuntura y otras técnicas de su cultura que, combinadas con su formación académica, le hacían obtener muy buenos resultados. Lamentablemente, un asunto amoroso alejó al destacado médico chino de nuestros predios.

 



 

 

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Escritura de prefijos y elementos compositivos

mediaz @ 01:56

Generalmente, los prefijos y elementos compositivos se escriben soldados a la palabra a la que se unen, sin guion intermedio: antidisturbios, subcomité, posguerra, preselección, superdivertido, interestatal, electroimán, etc. Sin embargo, con frecuencia los encuentro separados, sobre todo en el caso de super.

Se emplea el guion intermedio si la palabra base comienza por mayúscula o se trata de una sigla: pos-Maastricht, anti-OTAN.

Cuando se anteponen a una palabra dos prefijos coordinados, el primero de ellos se escribe aislado y con guion, para indicar su condición de prefijo y evitar al mismo tiempo la repetición de la palabra base: Estas medidas han de aplicarse durante el pre- y el posoperatorio.

Estos y muchos otros aspectos deben ser tenidos en cuenta a la hora de escribir si queremos hacer un buen uso de las reglas establecidas. 

19/06/2008 GMT 1

EL ARTE DE PONER COMAS

mediaz @ 16:18

comaEl uso correcto de los signos de puntuación es fundamental a la hora de redactar cualquier tipo de texto.

Debemos saber que el buen empleo de las comas nos permite, entre otras cosas, lograr una adecuada entonación de cualquier frase, así como conseguir la claridad en el mensaje que queremos transmitir.

La coma indica una pausa breve que se produce dentro del enunciado. Y en la mayoría de los casos, la coma se corresponde con una pausa en la entonación, pero hay casos en los que la coma es obligada en la escritura sin que exista pausa obligada en la entonación.

- Sí, señor (se pronunciaría todo seguido).

- Y, en efecto (se pronunciaría todo seguido sin pausas).

El uso de la coma no siempre es indiscutible, pero un mal uso de ella —como por ejemplo el exceso o falta de comas— puede hacer incomprensible cualquier texto, ya que el cambio o supresión de este signo de entonación puede transformar totalmente el sentido de una frase.

De hecho, la coma sirve para resolver ambigüedades: - No sé bailar, bien lo sabes. - No sé bailar bien, lo sabes. Vamos, seguidamente, a dividir este estudio sobre las comas en tres apartados: comas obligatorias, comas opcionales y usos incorrectos de las comas.

COMAS OBLIGATORIASSe emplea para separar los miembros de una enumeración (grupos de palabras de igual clase o función), salvo el último elemento si este va precedido por las conjunciones: y, e, o, u. Por último y en general, se separan siempre con comas dos complementos del mismo tipo.

- Se trata de un hombre muy reservado, estudioso y trabajador.

- Miraban pasar el tiempo a través de la ventana sin descanso, sin esperanza, sin ilusiones.

- ¿Quieres tarta, galletas o pastas para merendar?

Cuando los elementos de la enumeración constituyen el sujeto de la oración o un complemento verbal y van antepuestos al verbo, no se pone coma detrás del último:

- El perro, el gato, los peces y los pájaros son animales mamíferos.

- De chanchullos, mentiras y fraudes no quiere ni oír hablar.

No obstante, se coloca una coma delante de la conjunción "y" cuando la secuencia que encabeza expresa un contenido (consecutivo, de tiempo, etc.) distinto al elemento o elementos anteriores:

- Hicieron la compra, limpiaron la casa, y se fueron a jugar al parque.

Para finalizar, será recomendable el empleo de la coma cuando une oraciones de cierta extensión y distinto sujeto, y, especialmente, cuando el contenido es también diferente: 

- Jaime me comentó muchas cosas acerca de sus problemas conyugales, y yo no supe cómo consolarlo.

- Juan estuvo enfermo toda la semana, y Teresa no apareció por casa.

La coma se sustituye por punto y coma con el fin de separar partes del enunciado que ya llevan comas, pero el último elemento ante el que aparece la conjunción copulativa, va precedido de coma o de punto y coma:

- En el armario puso sus trajes; en los cajones, sus abrigos, y en la mesita todo lo demás.

- Mi jefe, Joaquín Mendoza; la secretaria, Ágata Soler, y todos los empleados se reunieron después de acabar la jornada laboral.

En general, se escribe delante de las conjunciones "y, o, ni" para evitar que se produzcan ambigüedades:

- Casi siempre estudio por las mañanas, y por las tardes nunca trabajo / Casi siempre estudio por las mañanas y por las tardes. Nunca trabajo.

También se ponen comas delante de las conjunciones "y, o y ni" cuando nos encontramos con dos o más oraciones unidas ya por alguna de estas conjunciones, o cuando nos encontramos con dos o más sintagmas que ya contenían dichas conjunciones:

- María duerme poco y come menos, y no deja de trabajar a todas horas.

- Sus novelas son interesantes y bien construidas, y sus poemas bellísimos.

Se escribe una coma para aislar y destacar un vocativo dentro de la frase, y cuando el vocativo va en medio del enunciado, se escribe entre comas:

- Escucha, Julio, no quiero repetírtelo dos veces.

- He dicho que vengáis, chicos.

- Acércame, Isabel, el vaso.

Los incisos que interrumpen momentáneamente la idea principal, ya sea para aclarar o ampliar lo dicho, ya sea para mencionar al autor u obra citados, se escriben entre comas. Son incisos:

Los vocativos en medio de las frases que ya hemos nombrado hace un momento:

- Tráeme, Juan, el paraguas.

Las aposiciones explicativas que no debemos confundir con las aposiciones especificativas en las que se destaca algo del grupo:

- El asesor fiscal, Mario Luque, es economista. (Apos. expli. Solo hay un asesor fiscal que es Mario Luque.) El asesor fiscal Mario Luque es economista. (Apos. especif. Hay varios asesores fiscales y destacamos a Mario entre ellos.)

Las oraciones intercaladas, como, por ejemplo, las explicativas de relativo, participio o gerundio:

- Las niñas, que sacaron buenas notas, estaban contentas. (En este caso todas las niñas sacaron buenas notas.) Las niñas que sacaron buenas notas estaban contentas. (Sólo algunas niñas sacaron buenas notas.)

- Ana, animada por el resto de sus compañeros, consiguió ganar la carrera.

- El hombre, creyéndose responsable del accidente, decidió entregarse a la policía.

Van también entre comas los casos en que la oración se interrumpe para mencionar el autor u obra citados:

- La razón, dijo un filósofo, la posee quien la ha perdido.

Y, en general, cualquier comentario, explicación o precisión sobre algo dicho anteriormente:

- Todos mis amigos, incluido Juan, se mostraron encantados con mi propuesta.

- Mi hija nos proporcionó, después de tantos sinsabores, una inmensa alegría.

Cuando se invierte el orden regular de las partes del enunciado, y se anteponen elementos que suelen ir pospuestos, debe ponerse una coma delante de la parte que se anticipa. Pero es de advertir que en las transposiciones cortas y muy perceptibles no se ha de poner esa señal:

- Para escribir una buena novela, se necesita tiempo y dedicación.

- A buen entendedor, pocas palabras bastan.

- A las personas que vengan mañana por la mañana, se les entregará un folleto.

Dentro de este apartado deberán separarse con coma los complementos introducidos por locuciones preposicionales del tipo (en cuanto a, respecto de, a pesar de, a tenor de...), si comienzan frase:

- En cuanto llegaron, se aposentaron en los mejores asientos.

- Respecto a esa cuestión, ya está zanjada. Con frecuencia, se puede tener en cuenta la siguiente norma práctica: si el elemento antepuesto admite una paráfrasis con "en cuanto a", es preferible usar la coma:

- Trabajo, no le falta. Si, por el contrario, admite una paráfrasis con las expresiones "es lo que" o "es el que", no se empleará coma.

- Aspiraciones deberías tener.

También suele anteponerse una coma a una conjunción o locución conjuntiva que une las proposiciones de una oración compuesta, en los casos siguientes:

Usualmente se pone coma delante de las proposiciones coordinadas adversativas introducidas por conjunciones como: pero, mas, aunque, sino, sin embargo, a pesar de:

- Puedes llevarte mi cámara de fotos, pero ten mucho cuidado.

- El avión despegó, a pesar del mal tiempo.

Es conveniente separar la subordinada de la principal. Así, va coma delante de las proposiciones consecutivas, concesivas y causales introducidas por (con que, así que, de manera que, puesto que, debido a que, por tanto, aunque, etc.):

- Me suspendieron matemáticas, por tanto tengo que volver a presentarme al examen.

- El sol me está molestando, así que tendré que cambiarme de sitio.

- Está haciendo mucho frío, con que abrígate bien.

- Como ha llovido, las aceras están mojadas.

En las oraciones condicionales sólo es obligatoria la coma cuando la prótasis (oración condicional) precede a la apódosis (oración principal):

- Si lo conocieras bien, no dirías eso de él.

- Como no te pongas a dieta, estarás gordísima dentro de poco.

En cuanto a las oraciones distributivas, los elementos que introducen estas conjunciones (ora... ora, bien... bien, ya... ya) llevan comas.

- Ya vengas a casa, ya te vayas ahora mismo, me da igual.

- Una de dos, o bien entras de una vez, o bien sales para siempre de esta casa.

En el caso de las locuciones conjuntivas explicativas se ponen siempre entre comas. Es el caso de (es decir, a saber, esto es, o sea):

- Dijo que vendría sobre las dos, es decir, antes de comer.

- Estas dos palabras son homónimas, esto es, suenan igual.

Cuando a "o sea" le sigue "que", se suele omitir la segunda coma:

- Estaba cansada, o sea que se fue a la cama.

Muchos adverbios, locuciones adverbiales y locuciones conjuntivas han de separarse mediante comas. Entre las más importantes destacamos: efectivamente, realmente, verdaderamente, así, además, en ese caso, en tal caso, en cambio, sin embargo, no obstante, aun así, con todo, por tanto, por consiguiente, pues bien, y las formas concluyentes del tipo en fin, en resumen, en síntesis, en una palabra, por último.

Además, si aparecen en medio de la frase van entre comas:

- Por consiguiente, no vamos a tomar ninguna decisión precipitada.

- No obstante, es necesario que tomemos una decisión.

- Efectivamente, no tienes razón.

- En este caso, no quiero saber más de este asunto.

En los casos en que se produzca una elisión del verbo, porque ha sido anteriormente mencionado o porque se sobreentiende, se escribe en su lugar una coma:

- A mí me encanta la comida italiana; a María, la china.

Se usa coma al final de las oraciones formadas por participio o gerundio:

- Emocionada por la noticia, corrió enseguida a contarlo.

- Saltando y riendo, los niños corrían por el bosque.

Se escribe coma para separar los términos invertidos del nombre completo de una persona o los de un sintagma que integran una lista (bibliografía, índice, fechas...):

- Antonio Buero Vallejo, Historia de una escalera, 11.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1987.

- Construcción, materiales de.

- Santiago, 8 de enero de 1999.

También entre el nombre propio y su seudónimo o apodo:

- Mauricio, el gato, era un ladrón profesional.

La coma sirve para separar la parte decimal en las cantidades con decimales, aunque en el ámbito científico este signo suele ser sustituido por un punto:

- 2,24/2.24 (ámbito científico).

Se pone coma en la repetición de una misma palabra cuando se quiere explicar algo referente a ella:

- He comprado un magnífico coche, coche que me ha dejado sin dinero en el banco.

En un último lugar, hay una coma que se suele olvidar con facilidad, es la que va delante de la palabra etcétera o de su abreviatura etc., tras hacer una enumeración marcada por comas:

- Trajeron papas, cacahuetes, ganchitos, olivas, etc.

COMAS OPCIONALES

En este apartado nos vamos a basar, sobre todo, en el artículo de Ovidio Cordero Rodríguez "La coma, un signo carismático".

Si ponemos comas en las oraciones copulativas y disyuntivas entre dos secuencias cortas, se consigue transmitir o señalar mayor énfasis. De este modo, destacamos el último término:

- Este domingo por la tarde, iremos al cine, o saldremos a tomar algo.

- Al teatro van tus primos, mis amigos, y la chica que conociste el otro día.

En ocasiones, es necesario el uso de la coma para evitar confusiones, como, por ejemplo, delante de un relativo, si aparece separado de su antecedente:

- Pedro es un amigo de Luis, que vive en Valencia.

También se suele poner coma cuando precede a otra conjunción o cuando se enlazan elementos en los cuales ya existía una conjunción:

- Al final le ha dicho que venga, y porque no dejaba de insistir.

- Comimos y bebimos todo lo que quisimos, y disfrutamos como nunca.

En el caso de las conjunciones o expresiones conjuntivas (pues, por tanto, así pues, por consiguiente...), pueden dejar de ir entre comas si en su entorno aparecen otras comas más importantes:

- Habíamos tenido muchas visitas, estábamos cansados, etc., y no quisimos por tanto salir esa noche fuera.

- Hicimos la compra, limpiamos la casa, y encima llevamos al veterinario mi perro.

Por último, tenemos otro caso, curioso, es el de "por ejemplo", ya que hay casos en los que no funciona como inciso (entre comas), sino que adquiere un valor adverbial similar al de "como":

- A veces me voy paseando, por ejemplo cuando voy al trabajo.

USO INCORRECTO DE LA COMA

Debe evitarse separar el sujeto y el predicado mediante coma:

- Las estanterías del rincón, estaban perfectamente organizadas.

- Un desgraciado incidente, ocasionó la dimisión de la junta directiva.

Se exceptúan, como ya hemos visto, los casos en que media un inciso entre sujeto y predicado o cuando el sujeto es demasiado largo:

- La nueva terapia, como ya ha quedado apuntado anteriormente, permitirá avanzar en la ciencia.  

- Los alumnos de este colegio que hagan siempre los deberes y estudien todas las lecciones del libro, serán premiados con puntos positivos en las notas.

Las oraciones subordinadas sustantivas no se separan con comas de la oración principal:

- Nos prometieron, que vendrían ese domingo a visitarnos.

Tampoco se separan con comas las causales introducidas por la conjunción "porque" a no ser que se trate de una pseudocausal e introduzca una consecuencia y no una causa:

- El suelo está mojado porque anoche llovió.No debe colocarse la coma detrás de la conjunción "pero" cuando esta preceda a una oración interrogativa:

- Pero..., ¿te aprobaron al final?

Sí se pueden poner puntos suspensivos:

-Pero... ¿te aprobaron al final?

No se separan tampoco entre comas las consecutivas intensivas con las conjunciones "tan... que, tanto... que, tal... que":

- Está tan ocupado que apenas tiene tiempo para divertirse.

No se debe poner coma entre las dos partes de un predicado compuesto:

- Los resultados obtenidos en el experimento, y todas las pruebas realizadas en el laboratorio contradijeron la hipótesis e indicaron que esta era errónea.

No usaremos comas ante paréntesis o rayas:

- Cuando llegó del despacho, —sobre las cinco de la tarde— lo contó todo.

No usaremos tampoco la coma para separar las partes de una medida:

- 3 min, 30 seg.

BIBLIOGRAFÍA Ortografía de la lengua española, Real Academia Española, editorial Espasa, Madrid, 1999.

Libro de estilo universitario, Carlos Arroyo y Francisco José Garrido, editorial Acento, Madrid, 1997.

Manual del español correcto, Leonardo Gómez Tórrego, editorial Arco/libros, Madrid, 1996. Manual de redacción y estilo, Manuel

Alvar Ezquerra, ediciones Istmo, Madrid, 1999. "La coma un signo carismático", Ovidio Cordero Rodríguez, "http://www.ocordero.com"

Libro de estilo, Ignacio García Gutiérrez, Ramón Garrido Nombela, Nuria Hernández de Lorenzo, editorial Comillas, Madrid, 1999.

(De: Isabel Alamar. Tomado de: www.realidadliteral.net)

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