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Desde Santa Clara, Cuba.

Categoría: Del lenguaje

10/08/2008 GMT 1

Una coma puede cambiar la historia, pero es mejor no excederse

mediaz @ 13:56

librosEl filólogo español José Antonio Millán asegura que una coma "puede cambiar la historia", pero recomienda no excederse en su uso, al tiempo que sostiene que hay que puntuar con creatividad antes de que se impongan reglas rígidas.

"Hay que aprovechar para hacer un uso libre de la puntuación porque la Real Academia Española no ha dictado reglas rígidas sobre el tema. Con la puntuación todavía podemos hacer más o menos lo que queramos. Por eso yo invito a los hispanohablantes a un uso creativo de los signos", dijo Millán al presentar en Buenos Aires su libro Perdón imposible.

En el texto, el experto recorre en un tono ameno la compleja jungla de comas, puntos, paréntesis, guiones y otros tantos signos que utilizan poetas y periodistas, pero también cada persona en su vida cotidiana al redactar un correo electrónico o apuntar una receta de cocina.

"Los publicistas son un gremio que puntúa muy mal. La puntuación de los anuncios suele ser un caos, incluso hasta extremos que dicen cosas contrarias a lo que querían decir", dijo el lingüista en una entrevista concedida a EFE.

Millán sostiene que en los titulares de los periódicos también se "escurren con cierta frecuencia algunos malos puntos" por ese afán de economizar espacio.

"Además la desaparición de los responsables de sección, los correctores y editores ha incidido en la pérdida de un cierto control de calidad en los periódicos. Se publica directamente lo que ha escrito un periodista, al que se le pueden colar errores por la velocidad con que trabaja", explica el experto.

"Por lo general, uno sobrepuntúa. La mayor prueba de sobrepuntuación, casi paranoica, es la de las leyes. El legislador coloca comas y puntos por todas partes y los textos legales son ilegibles por la abundancia en la puntuación", dice Millán.

Como los dadaístas, aunque sin ese ánimo de rebeldía, el autor prefiere la negación a la sobreabundancia, ya que "no porque haya menos signos se entiende mejor un texto".

Con Perdón imposible, Millán ha venido a romper con el mito de que la puntuación es un tema árido, y jura que no tiene ánimos de regañar a la gente, pues las reglas para el uso de los signos "no bajaron del monte Sinaí".

Por eso su libro, lejos de ser un aburrido manual escolar, se presenta como una "guía para una puntuación más rica y consciente" que ofrece ejemplos variados del uso de los signos extraídos de obras literarias, de la prosa científica o legal, de textos periodísticos y publicitarios, de prospectos y de páginas web.

También recoge datos curiosos y desconocidos por el común de la gente respecto al nacimiento de los signos, como el origen musical del signo de pregunta, creado para marcar una subida de tono, o el asterisco, invención del siglo II antes de Cristo atribuida a Aristarco de Alejandría, quien lo usó para marcar pasajes que merecían especial atención en las ediciones de Homero.

"Como tenemos pocos signos, se usan para muchas cosas. Nos faltan algunos signos. Jorge Luis Borges decía que era una pena que no hubiera signos para cuestiones como la indecisión", recuerda Millán.

"Es muy posible que si alguien propone un signo para una de estas cosas que sentimos y que no tenemos una forma concreta de expresar, quizá dentro de mil años estemos usando ese signo", vaticinó.

El actual sistema de puntuación se estabilizó hacia el siglo XIX, pero como nada está acabado, aparecen innovaciones como la de colocar unidos los signos de interrogación y exclamación (?!) para expresar sorpresa.

Millán, para quien puntuar "tiene mucho de toma de decisión y algo de arte", no se atreve a prever qué sucederá con otros inventos recientes como los llamados "emoticones".

"A lo mejor la carita sonriente formada por dos puntos, guión y cierre de paréntesis, :-), acabe convirtiéndose en un signo que en el futuro sea el signo de la ironía", arriesga.

El escritor y editor cuenta que el título de su libro fue inspirado por una anécdota que le contó de niño un maestro atribuida a Carlos V, a quien en una ocasión le pasaron para firmar una sentencia que decía: "Perdón imposible, que cumpla su condena".

El emperador se sintió magnánimo y antes de firmarla cambió la coma de sitio y también la suerte del condenado: "Perdón, imposible que cumpla su condena".

"Esto demuestra que una coma puede cambiar la historia", concluye Millán.  (Por Natalia Kidd. Tomado de www.elcastellano.org)

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08/08/2008 GMT 1

Pekín es la capital de China

mediaz @ 14:18

La capital de China es Pekín. Tal obviedad ha tenido que recordarla la Real Academia porque, como en otros muchos casos, se está colando de rondón en nuestro idioma la denominación que promueven con su símbolo los organizadores de los Juegos Olímpicos, nombre que también transmiten las agencias de prensa de habla inglesa. En español o castellano, como se prefiera, Pekín sigue siendo la denominación correcta.

En España hay rápida inclinación a imitar corrientes foráneas sin contar con que con ellas se atacan, a veces, cimientos del idioma. Hay ocasiones en que algunos defensores del castellano parece que están, más que en su defensa, empeñados en el ataque de las otras lenguas españolas, catalán, gallego y euskera.

Cambiar Pekín por Beijing, si se aceptara como corriente necesaria para alcanzar el modernismo, nos llevaría a aceptar London, New York, Firenze, Tesaloniki, Goteborg, Tbilisi, Vilnius, Porto, Carcasonne, Basel o Auwterpen, por Londres, Nueva York, Tesalónica, Gotemburgo, Tiflis, Vilna, Oporto, Carcasona, Basilea o Amberes.

En los medios informativos se ha aceptado Bin Laden por Ben Laden, y con la primera grafía podríamos cambiar nombres y tendríamos, Binicarló, Binicasim, Binimuslem, Biniopa, Binimodo o Biniparrell. También podríamos hablar de Abintofail o la familia Binjumea.

Con ocasión de los Juegos Olímpicos se podría defender nuestro idioma si se dejara de denominar pruebas de calificación en natación o en automovilismo, que también viene al caso y es la última corriente invasora. Los ensayos de calificación son aquellas en las que se dan notas, en que hay jurado. En deportes en los que gana quien llega primero, quien salta más, corre más rápidamente o lanza más lejos, no hay calificación, sino clasificación, pero parece que ha hecho fortuna lo incorrecto. Calificaciones hay en gimnasia artística y rítmica, y en natación sincronizada, mas no hay calificaciones en las competiciones de cien metros libres, natación o atletismo, porque pasan a la siguiente eliminatoria, se clasifican quienes obtienen los mejores tiempos, y ello no depende de un jurado, sino del reloj.

El mimetismo nos lleva a creer que Miami se dice Mayami. Hubo un comentarista de baloncesto quien llamaba Aguair a un jugador de origen hispano de un equipo de la NBA. Su apellido era Aguirre y nadie le corrigió. Claro que ahora hay una tal Maraya Carey que en cristiano es simplemente María. Llama la atención que en medios hablados se pronuncien los nombres catalanes con acentuación inglesa y así, Frederíc es Fréderic. La pretendida finura dialéctica no es otra cosa que cursilería. O mejor, gilipollez, palabra que también figura en el diccionario.

La defensa del español consiste, entre otras cosas, en conseguir que en los grandes medios nacionales, escritos, televisivos o radiofónicos, no confundamos a diario el entrenar con entrenarse y seamos capaces de distinguir entre equipo y club. Con el fin de que no se diga que el equipo del Madrid ha fichado a Van der Vaart, que sería tanto como adjudicar a Raúl, Guti y compañía la misión de contratar futbolistas.

Sería saludable que en las carreras ciclistas no se hablara de «grupeto» y «volata» y no hubiera mofa hacia los periodistas hispanohablantes que al esprintar le llaman embale.
En Pekín los diarios de México, Argentina, Chile, Perú y demás países de habla hispana mentarán el salto de la garrocha por el salto con pértiga, dirán más veces presea que medalla y a la piscina la dirán alberca.

Nosotros tendremos, con Paquillo Fernández, grandes esperanzas en las pruebas de marcha y los mexicanos, afamados especialistas, confiarán en la caminata. 

(Por Julián García Candau. Tomado de: http://www.larazon.es)

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07/08/2008 GMT 1

¿Fue un vasco el primero que habló español?

mediaz @ 13:12

juan bautistaLa identidad del monje que escribió en español por primera vez aún es motivo de discusión. Sin embargo, el padre Juan Bautista Olarte —en la foto— cree que es probable que fuera un vasco, porque en el códice hay una frase en euskera, la primera que se conoce escrita en esta lengua. Con lo cual el monje que realizó los apuntes sobre el códice —subraya el padre— alumbró el uso escrito de dos lenguas: el castellano y el euskera.

Y así lo recuerdan dos placas en el monasterio de Yuso (el de abajo), el nuevo y espléndido monasterio que empezó a construirse en 1067 en el valle a los pies de la colina, donde está aún el antiguo monasterio de Suso (el de arriba).

“Hablamos de una labor casi policial, pero existe una hipótesis sobre el autor que tiene un 85 por ciento de probabilidades de ser cierta”, cuenta el padre.

“En dos partes de las notas hechas sobre el códice aparece el nombre de Munio, un nombre bastante común en aquella época —explica Olarte—. Pero luego empezamos a filtrar por aquellos Munios que hubieran llegado a sacerdotes y que supieran vasco. Y finalmente, el monje usó una palabra muy propia del vasco alavés, lo que nos lleva a un Munio que era de Armentia, un pueblo del norte de Álava; pasó por este monasterio y fue redactor de documentos en la Corte de Nájera. Y un diploma de su letra que se conserva en Pamplona refuerza esta hipótesis. Aunque por ahora es sólo eso, una hipótesis”.

El primer poeta

Además de ser cuna del español escrito y haber dejado la mayor colección de códices de los siglos X y XI que hay en España, el monasterio de Suso tiene otro honor: haber educado al primer poeta en lengua castellana de nombre conocido, Gonzalo de Berceo.

También allí, el 13 de junio del año 964 se terminó de escribir uno de los diccionarios enciclopédicos más voluminosos de cuantos se conocen en Europa hasta el siglo XI. El contenido del llamado códice 46 revela el alto nivel de conocimientos del hombre medieval. El texto fue copiado en un latín plagado de incorrecciones y contagiado de muchas formas romances.                                       

 (Por Víctor Vargas. Tomado de: www.eltiempo.com)

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05/08/2008 GMT 1

La corrección de textos no debe quedar en manos de máquinas

mediaz @ 04:52

correcciónLos Angeles Daily Journal ha suprimido de un plumazo su sección de edición, encargada —de acuerdo con el sistema norteamericano— de revisar los textos y redactar los titulares. Según ha explicado el director del periódico, Martin Berg, por razones económicas.

En enero, el Morning Call, diario de Allentown (Pensilvania), anunciaba que iba a instalar un sofisticado sistema que permitirá verificar la ortografía, el estilo y el uso de las palabras, la partición silábica y hasta algunos aspectos gramaticales. Y, consecuentemente, que reducirá su plantilla de editores.

Cito sólo estos dos ejemplos, aunque hay más, para mencionar una tendencia, peligrosísima, que amenaza al periodismo: creer que la elaboración de

04/08/2008 GMT 1

Viaje a la cuna del español: el monasterio de San Millán de Suso

mediaz @ 04:16

Se considera el lugar donde nació nuestro idioma, porque allí se escribió por primera vez de forma consciente. El Tiempo, de Bogotá, lo recorrió con un filólogo.

Ocurrió hace unos 1 000 años, en un pequeño monasterio enclavado en la falda de una colina de la Rioja Alta (España), en medio de un paraje de extraordinaria belleza natural. Allí, probablemente a mediados del siglo XI, un monje escribió por primera vez en una lengua romance (derivada del latín), que por aquel entonces sólo era usada oralmente por el pueblo llano de algunas regiones de lo que hoy conocemos como España. Una lengua que prosperó al punto de llegar a ser hablada por más de 500 millones de personas alrededor del mundo en nuestros días.

san millán de suso

El monasterio de San Millán de Suso es considerado como la cuna del español, pues fue en este lugar donde se escribió por primera vez de forma consciente en nuestro idioma.

El lugar sigue en pie, es patrimonio de la humanidad y El Tiempo lo visitó de la mano de un sacerdote experto en filología para reconstruir la historia de un códice medieval que es reconocido universalmente como el acta fundacional de nuestra lengua.

Escenario intelectual

El padre Juan Bautista Olarte, un agustino recoleto que estudió en las universidades de La Salle y de San Buenaventura de Bogotá entre 1980 y 1981, explica que el monasterio de San Millán no solo fue uno de los más activos intelectualmente de la Alta Edad Media en España, sino que nos legó numerosos documentos de la época —el más antiguo data del año 759— y un total de 36 códices completos anteriores al año 1100.

“Uno de esos códices, escritos todos en pergamino, recoge la vieja liturgia mozárabe —que fue reemplazada por la romana y desapareció hacia el año 1100—. Es un códice muy modesto, de unas 120 páginas (en formato de media cuartilla), y por el tipo de letra con que fue escrito se deduce que es aproximadamente del año 900 de nuestra era”, cuenta el padre Olarte.

“Pues bien —continúa—, unos 100 años más tarde, doblada la esquina del año 1000, un monje de esta casa, y al que seguramente se le hacía difícil explicar al pueblo los sermones en latín, empieza una labor de traducción de las partes predicables de esa liturgia contenida en el códice, un trabajo que hace con una serie de notas al margen y en los pies de página. Esas notas son exactamente 1 006 y están escritas en castellano —antiguo, obviamente—, pero con los sistemas semánticos y gramaticales de nuestro idioma”.

La más conocida de estas 1 006 notas reza: “Cono aiutorio de nuestro dueno dueno Christo dueno Salbatore qual dueno get ena honore et qual duenno tienet ela mandatione cono Patre cono Spiritu Sancto enos sieculos de lo sieculos, facamus Deus Omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus Amen”.

En español actual, el texto dice: “Con la ayuda de nuestro señor, señor cristo, señor salvador, que comparte y tiene el honor y el mando, con el padre, con el espíritu santo, en los siglos de los siglos, háganos Dios omnipotente hacer tal servicio que ante su faz gozosos seamos. Amen”.

Pese a la antigüedad del códice, el descubrimiento del enorme significado de las notas contenidas en él es sorprendentemente reciente. Fue el historiador Manuel Gómez Moreno, alrededor de 1910, quien primero entendió su importancia. Y luego, el filólogo Ramón Menéndez Pidal las consagró en su libro Los orígenes del español (1926). No han faltado, desde luego, las controversias sobre lo que el gran filólogo, poeta y lingüista Dámaso Alonso calificó en los años 40 como “el primer vagido de la lengua castellana”.

Pero el padre Olarte —licenciado en teología, filosofía pura e historia, pero filólogo por pasión— es categórico: “Han salido algunos documentos, pero ninguno de la estatura de las notas del códice Aemilianensis 60”, conocidas también como ‘Glosas Emilianenses’ o ‘Glosas de San Millán’, ya que Millán o Emiliano procede del latín Aemilianus.

Y explica: “La utilización de palabras sueltas abunda en muchos documentos de la historia medieval, y básicamente por ignorancia, pues al no saber la palabra correcta en latín se utilizaba la palabra que utilizaba el vulgo. Pero aquí de lo que estamos hablando es de una persona que, consciente de que utiliza la manera de hablar del pueblo, emplea esta lengua para una expresión culta por primera vez, y por ahora no tenemos constancia de textos anteriores de esta categoría”.

Suso y Yuso

La importancia de las notas del códice de monasterio de San Millán fue confirmada en noviembre de 1977, cuando el nuevo monasterio —ubicado en la parte baja y llamado de Yuso (el de abajo)— fue escenario de la conmemoración del primer milenario de la lengua española en un acto presidido por los reyes de España.

Ese acto convirtió a estos dos monasterios en uno de los mayores atractivos turísticos de la Rioja. Aunque del famoso códice solo queden en San Millán algunos pequeños fragmentos. “Los 36 códices —la mayor colección procedente de un mismo lugar que existe en España— reposan en la Academia de Historia de Madrid”, cuenta Olarte, que, con algo de humor crítico, añade: “Por ese centralismo enfermizo que caracteriza a este país, todo aquello que es descollante se lleva a Madrid: desde un jugador de fútbol del Logroñés, hasta un catedrático de la Universidad de la Rioja. Y lamento que el códice no este aquí, porque aquí es donde corresponde”. Pero celebra que los códices sigan juntos y en España. No como ocurrió con los códices de Silos, que hoy están: parte en Londres, parte en París, parte en Silos y parte en Madrid. Con lo cual, “para estudiarlos hay que moverse por medio mundo”.

Un estudio que el padre exalta, también con buen humor: “Una de las cosas más bonitas el estudio lingüístico es que el idioma refleja una cultura, una forma de pensar. Por ejemplo, la palabra trabajo viene de la palabra latina tripalium (tres palos): un instrumento de tortura que ya existía en el siglo VI, formado por tres maderos cruzados a los que el reo era atado para ser azotado. Lo cual indica que los de lengua española no somos muy amigos del trabajo. Pues de hecho, lo asociamos con un tormento. Por eso estudiamos la lengua, porque nos dice mucho de quienes somos. No en vano alguien decía que filología es filosofía”. 

(Por Víctor Vargas. Tomado de www.elcastellano.org)

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01/08/2008 GMT 1

Sobre la palabra «bacán»

mediaz @ 00:25

No se trata de un neologismo, pues ya tiene 81 años de existencia en el Diccionario. Este sustantivo ingresó en 1927 al Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, de la Real Academia Española, y hasta la edición de 1989 se mantuvo como equivalente de ‘tamal, especie de empanada’.

Después, en el 2001, se publicó como adjetivo y sustantivo, en el Diccionario de la lengua española de la misma Academia (DRAE).

Como adjetivo, dependiendo del contexto y del país, puede significar ‘muy bueno, chévere, estupendo, excelente’, ‘persona prepotente o sobrada’, ‘taquillero (espectáculo o persona que rinde buenos réditos)’, ‘persona de físico atractivo’; y, como sustantivo, ‘hombre que vive a costa de su esposa o de su amante’, ‘hombre que paga los gastos de las mujeres con las que tiene vínculos’ y ‘persona adinerada’.

Esos registros son de Chile, Colombia, Cuba y Uruguay; pero, aunque no consta en el DRAE, también se emplea en el Ecuador: los adolescentes e, incluso, los no tan jovencitos, usan la palabra bacán para indicar que alguien o algo es magnífico, espléndido, bueno, fuera de serie; pero además la aplican con el sentido de ‘persona arrogante o que se jacta de saberlo todo’.  En Cuba específicamente la palabra bacán ganó en popularidad hace unos años, a partir de que comenzara a usarse para designar a un popular personaje humorístico de televisión: el Bacán de la Vida (Nelson Gudín).  

28/07/2008 GMT 1

Fundéu aclara dudas sobre los deportes y sus especialidades

mediaz @ 15:59

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) ha elaborado una nota para resolver dudas lingüísticas que puedan surgir en el inicio de los juegos olímpicos en relación con algunos deportes y sus especialidades. "Salto con pértiga": en algunos países de América, para designar a la vara larga que se emplea en esta especialidad utiliza el término "garrocha" y por consiguiente dicen "salto con garrocha". Ambas formas son válidas, pero se prefiere la primera por ser la más usada.

"Lanzamiento de peso": mejor que "lanzamiento de bala".

"Natación": "piscina" es la forma más extendida. También se denomina "alberca" (en México) o "pileta" (en Argentina, Bolivia y Uruguay). Debe utilizarse "piscina", que es la forma más extendida, o "pileta", que es más técnica en los deportes acuáticos ("pileta de saltos"). Hay cuatro estilos de natación: braza, mariposa, espalda y crol. Este último, según el Diccionario panhispánico de dudas, debe escribirse así ("crol"), y no con la grafía inglesa "crawl".

Otro deporte acuático es el "waterpolo" o "polo acuático" en América. Se recomienda emplear el anglicismo "waterpolo" por ser el nombre oficial para las federaciones y no el calco utilizado en el español de América.

"Baloncesto": en español tiene tres nombres: "baloncesto", "básquetbol" o "basquetbol" y "básquet". La Fundéu BBVA recomienda que en las informaciones dirigidas a España se utilice la forma "baloncesto" y que en las noticias para Hispanoamérica y los Estados Unidos se recurra a las voces "básquetbol" o "basquetbol" y a la abreviatura "básquet", por ser estas las más comunes en América.

"Fútbol": la acentuación de palabras como "fútbol" o "béisbol" también varía según el país. La forma llana es la mayoritaria en España y en algunos países de América. Sin embargo, en México y en algunas zonas de Centroamérica y de las Antillas predomina la aguda ("futbol" y "beisbol"). Aunque ambas son correctas se prefiere la acentuación llana etimológica.

"Voleibol": otro deporte cuyo nombre también plantea dudas sobre cómo debe escribirse es el de "balonvolea", "voleibol" o "vóleibol", "vóley" o "voleyball". Las cuatro primeras formas son correctas, no así la última, que es un híbrido del inglés y español. La menos usada es "balonvolea", empleada alguna vez en España. "Voleibol" o "vóleibol" son las más comunes, y su acentuación depende del país. En Sudamérica prefieren la llana. En el resto del territorio hispanohablante la forma más extendida es la aguda. El acortamiento "vóley" también se utiliza para nombrar este deporte y es la que aparece en "vóley-playa", cuya grafía correcta es en dos palabras separadas por guión. Así pues, la Fundéu BBVA recomienda el uso de "voleibol" (palabra aguda) para la modalidad que se juega en pista lisa y "voléy-playa" para la que se juega sobre arena de playa.

Sedes y subsedes de los juegos olímpicos de Pekín

En las noticias que aparecen en los medios de comunicación sobre las olimpiadas que se celebrarán el próximo mes, es frecuente encontrar el nombre de la capital china, sede principal, escrito de diversas formas: "Pekín", "Beijing" y "Beiying".

Si bien las dos primeras son correctas (no así la última), la Fundéu cree apropiado aconsejar que se opte por la grafía que recomienda el Diccionario panhispánico de dudas (de la Asociación de Academias de la Lengua Española), donde se recomienda que se use el nombre tradicional en español para designar la capital de China: 'Pekín'.

El nombre 'Beijing' es el resultado de la transcripción de los caracteres chinos al alfabeto latino según el sistema 'pinyin', desarrollado en China a partir de 1958 con el fin de unificar los diversos sistemas de transcripción del chino aplicados por distintos países.

Las grafías de los nombres de las seis ciudades que albergarán las subsedes olímpicas son: "Hong Kong", "Qingdao", "Qinhuangdao", "Shanghái", "Shenyang" y "Tianjín".

Respecto a los gentilicios, algunos son difíciles de formar, como en los casos de Qingdao, Qinhuangdao o Shenyang. Los de Shanghái y Tianjín pueden ser "shanghaiano" y "tianjinés". Otros ya existen en español: "hongkonés" (Hong Kong) y "pequinés" (Pekín).

La Fundación del Español Urgente (Fundéu), patrocinada por la Agencia Efe y el BBVA, que trabaja con el asesoramiento de la Real Academia Española, cuenta con la colaboración, entre otras entidades, del Instituto Cervantes, la Fundación San Millán, las universidades Complutense de Madrid, Alcalá, Castilla-La Mancha y Cádiz, El Corte Inglés, Red Eléctrica, Gómez-Acebo & Pombo, Iberia, CEDRO, CELER Soluciones, Accenture y Hermes Traducciones.

(Tomado de http://www.periodistas-es.org/pes/artigo.asp?cod_artigo=3753)

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26/07/2008 GMT 1

El adjetivo y sus arrugas

mediaz @ 00:26

Por Alejo Carpentier

 

Los adjetivos son las arrugas del estilo. Cuando se inscriben en la poesía, en la prosa, de modo natural, sin acudir al llamado de una costumbre, regresan a su universal depósito sin haber dejado mayores huellas en una página. Pero cuando se les hace volver a menudo, cuando se les confiere una importancia particular, cuando se les otorga dignidades y categorías, se hacen arrugas, arrugas que se ahondan cada vez más, hasta hacerse surcos anunciadores de decrepitud, para el estilo que los carga. Porque las ideas nunca envejecen, cuando son ideas verdaderas. Tampoco los sustantivos. Cuando el Dios del Génesis luego de poner luminarias en la haz del abismo, procede a la división de las aguas, este acto de dividir las aguas se hace imagen grandiosa mediante palabras concretas, que conservan todo su potencial poético desde que fueran pronunciadas por vez primera. Cuando Jeremías dice que ni puede el etíope mudar de piel, ni perder sus manchas el leopardo, acuña una de esas expresiones poético-proverbiales destinadas a viajar a través del tiempo, conservando la elocuencia de una idea concreta, servida por palabras concretas. Así el refrán, frase que expone una esencia de sabiduría popular de experiencia colectiva, elimina casi siempre el adjetivo de sus cláusulas: "Dime con quién andas...", " Tanto va el cántaro a la fuente...", " El muerto al hoyo...", etc. Y es que, por instinto, quienes elaboran una materia verbal destinada a perdurar, desconfían del adjetivo, porque cada época tiene sus adjetivos perecederos, como tiene sus modas, sus faldas largas o cortas, sus chistes o leontinas.

 El romanticismo, cuyos poetas amaban la desesperación —sincera o fingida—, tuvo un riquísimo arsenal de adjetivos sugerentes, de cuanto fuera lúgubre, melancólico, sollozante, tormentoso, ululante, desolado, sombrío, medieval, crepuscular y funerario. Los simbolistas reunieron adjetivos evanescentes, grisáceos, aneblados, difusos, remotos, opalescentes, en tanto que los modernistas latinoamericanos los tuvieron helénicos, marmóreos, versallescos, ebúrneos, panidas, faunescos, samaritanos, pausados en sus giros, sollozantes en sus violonchelos, áureos en sus albas: de color absintio cuando de nepentes se trataba, mientras leve y aleve se mostraba el ala del leve abanico. Al principio de este siglo, cuando el ocultismo se puso de moda en París, Sar Paladán llenaba sus novelas de adjetivos que sugirieran lo mágico, lo caldeo, lo estelar y astral. Anatole France, en sus vidas de santos, usaba muy hábilmente la adjetivación de Jacobo de la Vorágine para darse "un tono de época". Los surrealistas fueron geniales en hallar y remozar cuanto adjetivo pudiera prestarse a especulaciones poéticas sobre lo fantasmal, alucinante, misterioso, delirante, fortuito, convulsivo y onírico. En cuanto a los existencialistas de segunda mano, prefieren los purulentos e irritantes. Así, los adjetivos se transforman, al cabo de muy poco tiempo, en el academismo de una tendencia literaria, de una generación. Tras de los inventores reales de una expresión, aparecen los que sólo captaron de ella las técnicas de matizar, colorear y sugerir: la tintorería del oficio. Y cuando hoy decimos que el estilo de tal autor de ayer nos resulta insoportable, no nos referimos al fondo, sino a los oropeles, lutos, amaneramientos y orfebrerías, de la adjetivación. Y la verdad es que todos los grandes estilos se caracterizan por una suma parquedad en el uso del adjetivo. Y cuando se valen de él, usan los adjetivos más concretos, simples, directos, definidores de calidad, consistencia, estado, materia y ánimo, tan preferidos por quienes redactaron la Biblia, como por quien escribió el Quijote. 

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21/07/2008 GMT 1

Acortamiento de palabras

mediaz @ 03:39

El acortamiento es el procedimiento de abreviación que consiste en eliminar las sílabas finales de una palabra para crear otra nueva: bici por bicicleta, cine por cinematógrafo, profe por profesor, súper por supermercado, moto por motocicleta, foto por fotografía, taxi por taxímetro, etc. También existen, aunque en menor número, casos de acortamiento por supresión de sílabas iniciales: bus por autobús.

La mayoría de los acortamientos mantienen el género de la palabra completa: la foto por la fotografía, el cine por el cinematógrafo; hay alguna excepción, como el cromo por la cromolitografía. Los acortamientos, cuando son sustantivos, suelen seguir las reglas generales de formación del plural: las fotos, los buses, los profes, los Metros; pero algunos de ellos, como súper e híper, se mantienen invariables: los híper, los súper. Cuando son adjetivos, lo normal es que permanezcan invariables: películas porno (‘pornográficas’).

(Tomado del DRAE)

18/07/2008 GMT 1

Sobre los verbos arrogarse y abrogar

mediaz @ 01:48

Se impone aclarar los significados de abrogar y arrogarse, pues no hace mucho alguien decía: "Me abrogo el derecho de emitir juicio en este asunto". 

Primeramente es preciso aclarar que 'arrogarse' (verbo regular) significa 1. "atribuir, adjudicar" y 2. "(pronominal) Apropiarse indebida o exageradamente de cosas inmateriales como facultades, derechos y honores", v.gr.: 'El dueño de la casa XX de YY colonia, se arrogó el derecho de autorizar a ciertas personas a transitar por las calles de la colonia y de no permitírselo a otras'.  

Desde luego no estamos hablando de que un grupo de vecinos, por mayoría, decidan exigir una identificación muy justificada para controlar la entrada y luego la salida de la gente que no pertenece a dicha colonia y evitar que la saqueen.  

Tampoco hablo de un juez o de una jueza que emiten un dictamen de acuerdo con la ley y, por lo tanto, la están aplicando al determinado caso que tengan entre manos, pues ellos tienen esa facultad, sino de cualquier hijo de vecino que, por ejemplo, abusivamente decide cerrar por su cuenta con una "pluma" (americanismo para designar una barrera que deja pasar uno a uno los vehículos) alguna calle, sin más razón que el derecho de su nariz.  

Se usa con dicho verbo, por lo general, un pronombre proclítico (colocado antes) y en un estilo más rebuscado un enclítico (unido al verbo al final): "Arrogose entonces el señor el derecho de castigar con una vapuleada al pobre chiquillo que había robado la naranja de su huerto". 

Según el DRAE, la acepción de abrogar (con conjugación regular), es abolir una ley o un código, de modo que una persona no puede decir de ninguna manera que "se abroga el derecho de decidir por sí misma", a menos que quisiera dar a entender que se está autosuprimiendo su derecho a decidir.  

(Tomado de www.cubaperiodistas.cu)

 

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