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letraSSueltas
Desde Santa Clara, Cuba.

Categoría: Del lenguaje

04/06/2008 GMT 1

¿Cómo definir 'matrimonio'?

mediaz @ 19:34

La Sección Filológica del Institut d'Estudis Catalans está discutiendo cómo tratar en el diccionario esta palabra, después de la aprobación de la unión entre personas del mismo sexo.

El presidente de la Sección Filológica del Institut d'Estudis Catalans (IEC), Joan Martí, ha afirmado que esta institución está discutiendo cómo tratar en el diccionario la palabra matrimonio, después de la aprobación de la ley que reconoce como matrimonio la unión entre dos personas del mismo sexo.

En una entrevista de Rac1, Martí ha asegurado que desde el IEC quieren encontrar "aquella definición, aquella explicación suficiente y clara" que apruebe todo el mundo y que sea una aportación "positiva y rigurosa".

Ha explicado que hasta ahora todos los diccionarios definen matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, y el IEC entiende que actualmente la realidad ha hecho "insuficiente e incompleta" esta explicación.

Ha asegurado que el IEC se puso rápidamente a buscar esa forma para definir las nuevas uniones recogidas por la legislación, pero ha añadido que el hecho de haber afrontado esto con rapidez "no quiere decir que no haya un cierto divorcio entre las diversas opiniones sobre cómo se tendría que definir esta nueva realidad social".

(Fuente: Europa Press/ elpaís.com

03/06/2008 GMT 1

Disfrutando las erratas

mediaz @ 20:05

Uno de los efectos secundarios de editar es que se lee de forma diferente. Atraído inexorablemente por la errata, los ojos se deslizan más lentamente sobre el papel; es difícil correr sobre la línea a la misma velocidad que antes, vislumbrando tan sólo la mancha de la palabra para entenderla, o imaginarla muchas veces. Pero la verdad es que también antes, desde siempre en realidad, me he quedado atrapado unos segundos cuando se producen calles en el texto, huecos vacíos que se comunican formando un camino en el que precisamente es fácil perderse. Aparte de la estética, esa es una de las principales razones para evitarlas al editar, y es que el lector puede quedar atrapado como en un laberinto, recorriendo esa calle con los ojos buscando el final, especialmente peligroso si la calle es diagonal.

 

Las casualidades gráficas tienen también su atractivo —el azar, como la arruga, es bello—. Partir ridí- culo por la mitad al final de línea es siempre una casualidad divertida que puede hacernos esbozar una sonrisa, pero si evidentemente se debe evitar siempre, habrá que evitarlo como la peste en un libro de texto, pues puede suponer varios minutos de anarquía escolar que quizá el profesor nos reproche eternamente.

 

 Gran parte de las normas tipográficas de composición no se siguen hoy fielmente en la mayoría de las ediciones, especialmente en lo referente a partición de palabras y a evitar repeticiones de letras a principio o fin de palabra (otro tipo de calle, ésta ocupada por el mismo carácter peligrosamente coincidente), y eso a pesar —o precisamente por eso— de que las aplicaciones informáticas permiten cada vez afinar más en la composición de textos.

 

Hay lectores que son auténticos cazadores de erratas que las envían después a las editoriales, como también los hay que devuelven los libros a la librería cuando encuentran erratas en exceso (todo libro que se precie debe tener una errata, como tiene un titulo o una portada, pues forma parte casi de su estructura; pero más de dos ya debe considerarse exceso). Y no me consta ningún ejemplo, pero estoy seguro de que también hay cazadores de casualidades gráficas —que en el fondo son otra forma de errata— y de particiones desafortunadas como aquella que se cita siempre: El joven soldado dormía sobre una vieja
cama.

 

Mientras editar siga siendo un arte y sobre todo un oficio, seguirá habiendo erratas y accidentes o casualidades gráficas, y muchos seguiremos leyendo más despacio atraídos por el imán de la errata y perdiéndonos en calles y laberintos, que también es otra forma de disfrutar de la lectura.

 

(Fuente: Infoeditexto/elcastellano.org)
 

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Origen del lenguaje: curiosidades

mediaz @ 03:52

Ni la gran diversidad de lenguas —unas 3 000 incluidos dialectos—, ni la colaboración interdisciplinaria han facilitado datos suficientes sobre el origen del lenguaje, por lo que se han formulado a lo largo de la historia múltiples teorías sobre el origen y evolución de los lenguajes naturales.

El hebreo llegó a considerarse la lengua originaria, postura defendida por autores judíos y cristianos basándose en textos bíblicos. Pero mucho antes ya recoge Herodoto en Los nueve libros de la HistoriaLibro II— un curioso texto que relata el “experimento” realizado para descubrir la lengua más antigua y determinar así qué nación era también la más antigua del mundo.

“Los egipcios vivieron en la presunción de haber sido los primeros habitantes del mundo, hasta el reinado de Psamético. Desde entonces, cediendo este honor a los frigios, se quedaron ellos en su concepto con el de los segundos. Porque queriendo aquel rey averiguar cuál de las naciones había sido realmente la más antigua y no hallando medio ni camino para la investigación de tal secreto, echó mano finalmente de la original invención. Tomó dos niños recién nacidos de padres humildes y vulgares, y los entregó a un pastor para que allá entre sus apriscos los fuese criando de un modo desusado, mandándole les pusiese en una solitaria cabaña, sin que nadie delante de ellos pronunciara palabra alguna y que a las horas convenientes les llevase unas cabras con cuya leche se alimentaran y nutrieran, dejándole lo demás a su cuidado y discreción.

Estas órdenes y precauciones las encaminaba Psamético al objeto de poder notar y observar la primera palabra en que los dos niños al cabo prorrumpiesen, al cesar en su llanto e inarticulados gemidos. En efecto, correspondió el éxito a lo que se esperaba. Transcurridos ya dos años en expectación de que se declarase la experiencia, un día, al abrir la puerta, apenas el pastor había entrado en la choza, se dejaron caer sobre él los dos niños, y alargándole sus manos, pronunciaron la palabra bekos.

Poco o ningún caso hizo por la primera vez el pastor de aquel vocablo; mas observando que repetidas veces, al irlos a ver y cuidar, otra voz que bekos no se les oía, resolvió dar aviso de lo que pasaba a su amo y señor, por cuya orden, juntamente con los niños, pareció a su presencia. El mismo Psamético, que aquella palabra les oyó, quiso indagar a qué idioma perteneciera y cual fuese su significado, y halló por fin que con este vocablo se designaba el pan entre los frigios. En fuerza de tal experiencia cedieron los egipcios de su pretensión de anteponerse a los frigios en punto de antigüedad”.

Valga como curiosidad y ejemplo del mito del “lenguaje natural”. Otras aportaciones diferentes, y en algún caso chocantes, hicieron Rosseau, Diderot, Darwin, Bloomfield, Chomsky… hasta llegar a las dos hipótesis que más fuerza tienen en la actualidad: evolucionista y emergentista. Y así seguimos.

 (Tomado de http://www.blogalaxia.com)

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02/06/2008 GMT 1

Conque, con que, con qué

mediaz @ 23:16

gramáticaNos ocupamos de las formas conque (conjunción), con que (preposición + pronombre relativo) y con qué (preposición + pronombre o determinativo interrogativo-exclamativo).

Dado que son elementos en cuya formación intervienen los mismos fonemas y grafías, con cierta frecuencia viene repitiéndose en la lengua escrita la utilización de una forma por otra, lo que constituye una falta de ortografía. La distinción entre ellas tiene que ver, además de con aspectos fónicos de tonicidad y atonicidad (son átonas conque y con que y es tónica con qué), con cuestiones morfosintácticas de unión y separación de palabras.

Conque es una conjunción ilativa (o consecutiva) con la que se introduce una oración en la que se expresa una conclusión o una consecuencia que se desprende de algo que se acaba de mostrar. Generalmente se utiliza cuando el hablante percibe dicha conclusión como obvia o evidente, como en el ejemplo: Es el único de nosotros que sabe inglés, conque solo él puede hacer la traducción.

Con el mismo sentido se utiliza también para indicar al interlocutor la conducta o actuación que se espera o desea de él, bien porque se desprende de lo dicho anteriormente o como consecuencia de ello. En este caso los enunciados suelen ser bruscos o descorteses: Vosotros no habéis pagado la entrada, conque largo de aquí; Ya llevas jugando más de una hora, conque ahora a hacer los deberes; El verano toca a su fin, conque a recoger los muebles del jardín.

En enunciados independientes y encerrada entre signos de interrogación o exclamación, esta conjunción introduce una oración en la que se expresa sorpresa o censura ante un hecho o realidad que se acaba de ver o conocer: ¿Conque te ha tocado la lotería!; ¿Conque trabajando, eh?; ¿Conque no tenías dinero!; ¿Conque fuiste tú!

Como prueba de que nos encontramos ante la conjunción, basta con conmutarla por así que en los tres casos anteriores y por por (lo) tanto, por consiguiente o en consecuencia en los dos primeros casos: Es el único de nosotros que sabe inglés, conque/así que, por tanto solo él puede hacer la traducción; Ya llevas jugando más de una hora, conque/así que/por tanto ahora a hacer los deberes; ¿Conque/Así que te ha tocado la lotería!

Los elementos que intervienen en la formación de con que son: a) por un lado, la preposición con y el pronombre relativo que; y b) por otro, la preposición con y la conjunción que.

En el primer caso, la interpolación del artículo entre la preposición y el pronombre es garantía de que estamos ante el pronombre relativo, por lo que debe escribirse en dos palabras y sin tilde. Si nos acostumbramos a incrustar siempre la forma correspondiente del artículo, el problema desaparecerá: Este es el bolígrafo con (el) que escribo las cartas; Todavía no hemos llamado a las personas con (las) que contamos para organizar todo; Ya he visto la película con (la) que tanto disfrutaste.

El segundo caso (preposición + conjunción) es algo más complejo porque entra en juego el régimen prepositivo de algunos verbos y expresiones (verbos y expresiones que exigen la preposición con). En los ejemplos Nos basta con que nos digas la verdad; Con que lean ustedes la introducción es suficiente; y Me conformo con que vengan los que tienen interés, la preposición viene exigida por el verbo.

La única prueba válida en este caso es conmutar la secuencia introducida por que por un comodín, como puede ser la forma neutra del demostrativo (esto, eso, aquello): Nos basta con eso; Con eso es suficiente; Me conformo con eso.

Finalmente, en la formación de con qué (la única de las tres que es tónica) intervienen la preposición y el pronombre o determinativo relativo-exclamativo. Son tres los contextos de aparición de esta formación: a) interrogativas directas (¿Con qué has escrito esto?; ¿Con qué piensan ustedes orientarse?); b) exclamativas (¿Con qué modelito vienes hoy!; ¿Con qué poca gracia cuenta los chistes!); c) interrogativas indirectas (No sé con qué ir al concierto; Hay que ver con qué posibilidades contamos; Nadie sabe con qué pintó el cuadro).

Es importante tener muy claros estos usos y estar alerta ante las posibles confusiones. Las faltas de ortografía desprestigian cualquier trabajo escrito y apelar como disculpa a los «duendes de la imprenta» a estas alturas ya no cuela.

 (Tomado de: www.nortecastilla.es)

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31/05/2008 GMT 1

Sobre "malas palabras" y eufemismos

mediaz @ 14:22

Ciertamente hay improperios —palabras usadas con poca propiedad y de manera inoportuna—, insultos a los seres humanos y blasfemias. Para todas ellos los pueblos crean su propio arsenal de misiles. Las razones de la fundación de los proyectiles verbales son variadísimas y a menudo hasta inexplicables.

Por ejemplo, entre nosotros, para denominar a un tonto o pusilánime se usa una palabra que en el diccionario se prescribe para nombrar el vello de cierta parte del cuerpo. En contrario, ya se ha dicho: con frecuencia se usan las voces “caray” y “caramba”, cuya estirpe las remite a una palabra que define la región pudenda de la anatomía masculina.

malas palabras

Meretriz es una palabra tolerable socialmente, pero su famoso sinónimo de cuatro letras es escandaloso, con todo y el título de la novela de García Márquez. Aunque según el maestro Jorge Hache Álvarez, la Comisión Nacional de Derechos Humanos sugiere que a las damas de “la vida” —como se les decía antes— se les llame “sexo-servidoras de carácter ambulante”.

El pudor, que siempre tendrá algo de hipocresía y que es un producto esencialmente urbano, procura evitar las alusiones a palabras comprometedoras; así, una señora al acudir a la tienda solicitaba “blanquillos”, para evitar malos entendidos con el vocablo “huevos”.

La lengua maya es más espontánea, no teme aludir explícitamente a la anatomía para feminizar o masculinizar una palabra. Existe un caso pleno de gracia: a la bacinilla —utensilio descontinuado— se le llama ch'eene'iit, que equivale en español a asechar la zona que usa el cuerpo humano para la purificación del vientre.

En español mexicano existe una tendencia a suavizar las palabras; para algunos filólogos esta es la respuesta a dos razones íntimamente ligadas: lo áspero del castellano y el dominio del conquistador.

Marco A. Almazán diría que hablando suave y en diminutivo se anuncia la sensibilidad del hablante y en tal sentido su deseo de recibir igual reciprocidad.

Durante la primera hora de la conquista se le daba el tratamiento de doña a una mujer con rango social, llamándoles a las demás señoras. Sin embargo, en la Nueva España, se generalizó el usó del doña. Ahora en Yucatán la doña es la esposa y la señora la amante, aunque es más utilizado el término “querida”, lo que escandalizaría a una argentina, por ejemplo.

En el altiplano mexicano ya no se usa la palabra “doña” y prevalece “señora”.

En ese proceso de suavizar la lengua ya no es propio usar la palabra ciego, sino invidente; así surge un término de carácter general “persona con capacidades diferentes”. Así, nos sometemos a una dinámica de sustitución, porque las palabras se van tornando denigrantes y se requieren los eufemismos.

La blasfemia no es común entre nosotros y sí en la España actual; quizás todo empezó desde los tiempos de la República que tanto despreció a la Iglesia. Empero, siempre valdrá la pena recordar la anécdota de Carlos Castillo Peraza y León Felipe.

Fue Carlos a entrevistar al poeta exiliado, y este en algunas de sus respuestas se dirigía a un crucifijo y lo insultaba soezmente. Carlos, turbado, preguntó: “Maestro, pero ¿no es usted un hombre de fe?”. Contestó el viejo sabio: “Claro, porque creo en él es que lo insulto”.

Finalmente, repetiré lo que le dije al maestro Segura: “Existe una lengua maligna por voluntad del hombre, y hasta las más dulces palabras de Teresa de Calcuta, dichas con ironía y mala intención, pueden resultar denigrantes para la dignidad humana.— Mérida, Yucatán.

(Por: Gonzalo Navarrete Muñoz, miembro de número de la Academia Yucatanense de la Lengua. Tomado de: www.elcastellano.org)

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30/05/2008 GMT 1

¿Se aceptan [likúa - evakúa - adekúa]?

mediaz @ 01:39

Hasta hace unos años se insistía en que la pronunciación debía ser licua [líkua], evacua [evákua] y adecua [adékua], como el verbo averiguar. Pero hoy la Academia acepta la pronunciación [likúa - evakúa - adecúa], como el verbo actuar. De esta regla se benefician muchas personas que lo pronunciaban mal entonces, porque ahora ambas pronunciaciones son válidas; una vez más, el uso terminó imponiéndose.

En conclusión, hoy puede decirse: Yo licuo o yo licúo; eso se adecua o se adecúa; eso se evacua o se evacúa, según el Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia de la Lengua.

27/05/2008 GMT 1

La letra hache

mediaz @ 13:03

letra hacheNo es una exageración afirmar que la hache es, de las letras de nuestro abecedario, la más vilipendiada, la más atacada y la que más antipatías suscita. Los niños (y algunos no tan niños) dicen que les plantea más problemas ortográficos que la ge y la jota o que la be y la uve, que ya es mucho decir.

En la lengua general, es decir, en el español estándar actual, no representa ningún sonido (por eso se dice que es una letra muda) y en realidad es un signo superfluo que no significa nada. De ahí que no tenga por qué resultarnos extraño que a lo largo de la historia de la lengua siempre haya habido quien intentara eliminarla. La guerra contra la 'h' viene de antiguo. Sirva como ejemplo el maestro Correas (Gonzalo Correas), quien en su Ortografía kastellana, publicada en 1630, dice a propósito de esta letra que «no se á de poner adonde no suena i estaría oziosa, como en é, as, an, onbre, ermano, istoria, gueso, guevo y otros tales».

También está el discurso —de apenas dos páginas de texto y recogido íntegramente en la mayoría de los diarios de habla hispana— que Gabriel García Márquez pronunció en el I Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Zacatecas (México) en 1997, que llevaba por título “Botella al mar para el dios de las palabras” y en el que proponía la destrucción sistemática de todas las normas de ortografía. Lo más sustancial —y polémico— del discurso reza así: «Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?». Y parece que la letra hache le venía causando obsesión a García Márquez desde hacía tiempo, a juzgar por un artículo que publicó el 9 de septiembre de 1952 (cuarenta y cinco años antes) en el diario El Heraldo de Barranquilla (Colombia) con el título “Hay que tener mala ortografía”, donde se lee: «Confieso una especial predilección por la hache. Parece que es la letra más combativa, denigrada e injustificada del alfabeto castellano (...) Suprimirla sería una medida absurda, un disparate legal. Lo único que yo admitiría en relación con ella es que se permita a cada quien colocarla donde le venga en gana».

Por contra, en muchos nombres propios se pone la hache un poco (aunque esto es discutible) como signo de distinción. Son muy pocas las mujeres con nombre Esther, Ágatha, Judith, Samantha, Edith o Ruth que renuncian a la hache cuando escriben su nombre.

Anécdotas y apreciaciones aparte, no está de más poner de relieve el valor de la hache como indicio de nivel cultural, tanto por defecto como por exceso. Si leemos “Juan se a caído; la empresa cuenta con nueve elicópteros; me han hechado de casa o La vegetación era exuberante”, deducimos que quien lo ha escrito es o un niño o alguien que no domina las reglas de ortografía, aunque algunos lo contemplen como un gazapo o lo atribuyan a los inexistentes duendes de la imprenta en el caso de un texto impreso. En los ejemplos anteriores, todas las formas del verbo haber, funcione o no como auxiliar, se escriben con hache (ha caído); helicóptero también lleva hache; echado es del verbo echar y ninguna de las formas de este verbo lleva hache; y, finalmente, exuberante se escribe sin hache intercalada, aunque sí la llevan exhumar, exhalar, exhibir, exhausto o exhortar.

Alguno de ustedes estará preguntándose cómo se regula (o se reduce a reglas) el uso de la hache. Siento tener que decirles que, a pesar de que son muchas las palabras que llevan hache intercalada o como letra inicial, no hay reglas prácticas que ayuden al aprendizaje ortográfico. Ante esta ausencia de reglas, parece que el método que mejor funciona es el de la agrupación en familias léxicas siempre que sea posible. Por ejemplo, hijo (que se escribe con hache) puede ponerse en relación con ahijado o ahijar; humo con ahumar; hueco con ahuecar; horca con ahorcar; hilo con deshilar o con sobrehilar; huésped con hospedaje o con hospedería; hoja con deshojar (y ojo con desojar), etcétera.

Como curiosidad, les diré que en aproximadamente una treintena de palabras la RAE admite dos formas, una con hache y otra sin ella. Esto, que en principio pudiera provocar desconcierto, no deja de ser una pose, ya que manifiesta su preferencia en cada caso. En los ejemplos siguientes, entresacados de la última edición del Diccionario académico (2001; versión electrónica, 2003), prefiere la forma que aparece en primer lugar: acera / hacera; ¿ah! / ¿ha! (interjección para denotar pena, admiración, sorpresa...); albahaca / albaca; alhelí / alelí; armonía / harmonía; arpa / harpa; ¿arre! / ¿harre! (voz para estimular a las bestias); arriero / harriero; barahúnda / baraúnda (ruido y confusión grandes); comprender / comprehender; comprensivo / comprehensivo; comprensión / comprehensión; ¿eh! / ¿he! (interjección para llamar a alguien); ¿hala! / ¿alá! (interjección para infundir aliento o meter prisa y para mostrar sorpresa); hexágono / exágono; hiedra / yedra; hierba / yerba; hierbajo / yerbajo; hierbabuena / yerbabuena; hogaño / ogaño (en este año o en esta época, como contraposición a antaño); hológrafo / ológrafo (escrito de mano del autor, autógrafo); rehala / reala (rebaño de ganado lanar formado por reses de distintos dueños); rendija / rehendija; reprender / reprehender; reprensión / reprehensión; sabiondo / sabihondo (que presume de sabio sin serlo); ¿uf! / ¿huf! (interjección para denotar cansancio, fastidio o repugnancia) y urraca / hurraca.

 Por: María Ángeles Sastre (Tomado de: www.nortecastilla.es)

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26/05/2008 GMT 1

El corrector, hoy

mediaz @ 13:34

Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad quedará fuera.

 Tagore, Rabindranath

Toda obra debe pasar por dos clases de corrección: la de estilo y la tipográfica. Algunos editores, en obras que les parecen de poca importancia, prescinden de la primera, lo cual es causa de que las obras salgan a luz plagadas de equivocaciones e inexactitudes. Se basan para ello en la falsa apreciación de tipo económico, pues creen que prescindiendo de este requisito ahorran algo; la experiencia demuestra que esto se paga caro, ya que las erratas del original pasan a las pruebas, y las correcciones sobre estas resultan más onerosas que la misma lectura original. (Martínez de Sousa, Op. cit., p. 56)

El equívoco primero consiste en confundir función con funcionario, oficio con oficiante; es decir, la tarea con el que la realiza.

La “artesanía” del corrector puede estar decayendo, pero su función, paradójicamente, es cada vez más necesaria, en un contexto en el que cada vez menos gente sabe escribir bien; y entiéndase “bien” no solo en el sentido gramatical, sino en el sentido meramente comunicativo.

La corrección, si no existe de derecho, existe de hecho. Alguien la realiza, bien o mal, a sabiendas o no. Es una función delegable, pero imprescindible.

Si un original no se revisa, esto equivale a un “grado cero de corrección”. Quizá el tipeador introduzca motu proprio alguna modificación donde vea (o crea ver, Dios lo ayude) algún “horror” de ortografía o sintaxis. Luego, si hay corrección de pruebas, sucederá lo que Martínez Sousa sugiere: el corrector de pruebas se verá también obligado a corregir el estilo, lo que puede recargar innecesariamente esas galeradas (de errores, tiempo y dinero).

Si el autor da una “última mirada” a su obra, el problema se multiplica porque, de hecho, puede volver todo casi a “fojas cero”.

Finalmente, si no se realiza ningún tipo de corrección, esta quedará para el peor momento, el de la lectura, cuando ya sea tarde para todo, salvo para la infamante fe de erratas o la deseable, pero no siempre esperable, segunda edición.

Entonces podríamos concluir: el lector es el corrector más inapropiado de un libro. Es posible creer que nadie deja de comprar un libro porque la editorial tenga fama de descuidada; pero, ¿conviene creerlo?

Reitero: la corrección es una necesidad y se hace SÍ o SÍ. ¿Por qué, entonces, no hacerla como corresponde? (Cómo corregir sin ofender, Pablo Valle, Op. cit., p. 106)

Y cabe agregar que, según el tipo de obra que haya que corregir, a veces se hace necesaria, también –y previa a la del corrector literario– la intervención de un “lector técnico”; por ejemplo, en los manuales o diccionarios específicos de alguna profesión –medicina, abogacía, ingeniería–, en donde hay ciertos términos y datos sumamente específicos.

(Tomado de: http://www.hildalucci.com.ar)

 

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25/05/2008 GMT 1

Diccionario gay-lésbico. Vocabulario general y argot de la homosexualidad

mediaz @ 20:45

portada diccionarioFélix Rodríguez González es el autor del Diccionario gay-lésbico. Vocabulario general y argot de la homosexualidad que acaba de publicar la editorial Gredos. Este diccionario pretende llenar un espacio en la lexicografía especializada del español al ocuparse de registrar la terminología y el argot de la homosexualidad. La mayoría de las voces de argot han sido documentadas en las últimas décadas, pero también se registran otras más generales y técnicas, y más arraigadas en el idioma, para dar una visión más completa de este lenguaje.

Además de la definición, las entradas incluyen comentarios sobre el registro, la frecuencia y etimología de los términos, así como citas que ejemplifican su uso. Con este análisis el autor pone en manos del lector una obra sólidamente documentada que ha bebido de fuentes orales y escritas, referidas a muy distintos géneros (periodístico, literario, etc.), de acuerdo con las exigencias de la lexicografía moderna. El resultado es un diccionario útil e interesante, que llena un vacío lexicográfico y que toca una de las parcelas idiomáticas más vigorosas de nuestra lengua actual.

Este trabajo, con sus 1 500 voces, pretende convertirse en el más extenso diccionario sobre la materia, esperando sea de utilidad para el lingüista y estudioso del argot, pero también para los que trabajan en otras disciplinas, como la terminología, lexicografía, traducción, sociolingüística, sociología y antropología.

Además, el diccionario puede ser un valioso instrumento para anglistas y estudiosos de las lenguas en contacto, ya que registra y documenta también las voces que proceden del inglés. A los numerosos anglicismos encontrados (como gay, queer, lederón, butch, drag queen, drag king, cruising, gay-friendly, barebacking) se une otra larga ristra de calcos y traducciones como cuarto oscuro (dark room), orgullo gay (Gay Pride), oso (bear), salir del armario (come out of the closet), mariliendre (fag hag), agujero glorioso (glory hole) y formaciones híbridas autóctonas (como maribuilding).

(Tomado de: elcastellano.org)                                 

 

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22/05/2008 GMT 1

El punto y coma en peligro

mediaz @ 11:38

idioma españolEste signo de puntuación cada vez más difícil de encontrar en prensa y literatura, está en peligro de extinción. En la prensa escrita, la implantación de un tipo de escritura sintética y de frases breves importada del estilo anglosajón también ha contribuido a emplear el punto y seguido en detrimento del punto y coma, arrinconado a las tribunas de opinión y los editoriales. Y mientras el punto y coma escasea, la coma se reproduce como los conejos.

Aunque todavía no se han emprendido campañas para la salvación del signo de puntuación como en Francia, donde existe un Comité de defensa del punto y coma, no se descarta la idea. Primero habría que enseñar a usarlo, apunta el filólogo Alberto Gómez Font.

La Real Academia de la Lengua define el punto y coma como una pausa superior a la marcada por la coma e inferior a la señalada por el punto. La máxima autoridad lingüística contempla tres casos de aplicación: 1- Para separar elementos de una enumeración cuando se trata de expresiones complejas que incluyen comas. 2- Para separar proposiciones yuxtapuestas, especialmente cuando en estas se ha empleado la coma. 3- Delante de conjunciones o locuciones conjuntivas como pero, mas, aunque, sin embargo, por tanto, por consiguiente, en fin, entre otros, cuando los periodos tienen cierta longitud y encabezan la proposición a la que afectan.

Y es que ambos expertos señalan la dificultad en el uso del punto y coma como una de las causas que lo han puesto en peligro: el signo puede ser sustituido por punto, coma e incluso puntos suspensivos. No existen reglas fijas sobre su uso y, al no haberlas, la gente tiene miedo de equivocarse cuando escribe textos formales. Sin embargo, la reticencia al empleo de este signo de puntuación no es algo nuevo.

El punto y coma apareció por primera vez en el taller del impresor italiano Aldo Manuzio a finales del siglo XV y su uso fue extendiéndose por Europa a lo largo del siglo XVI, momento en el que también aparece en textos castellanos. Ya en 1582, un tratadista señaló que el punto y coma era mucha particularidad y menudencia para la escritura castellana.

(Tomado de www.cubaperiodistas.cu)

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