Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

letraSSueltas
Desde Santa Clara, Cuba.

Categoría: Historias

20/05/2009 GMT 1

¿Qué pasó el 20 de mayo de 1902?

mediaz @ 00:46

Por Ernesto Limia Díaz

El 20 de mayo de 1902 fue un día «célebre» para Cuba: en un acto simbólico ondeó por primera vez su bandera en el mástil del Morro de la capital. Hubo quienes vieron en ello la posibilidad de continuar los sueños frustrados por la «gestión salvadora» de EE.UU. Estremecidos por la presencia de su estandarte, algunos habaneros le pidieron proteger a un pueblo «libre, virtuoso, fuerte»; mas el país fue invadido por una mezcla de incertidumbre y aflicción, y no pocos sintieron amargura o rabia. Ya nada podía hacerse, al menos por el momento.

Bandera cubana

Desmembrado el Partido Revolucionario Cubano; desamparados a su suerte la mayoría de los combatientes del Ejército Libertador; disuelta la Asamblea del Cerro; marginadas las cubanas con edad para el voto; imposibilitado de intervenir en el debate político un pueblo mayormente analfabeto, abandonado por su élite intelectual y una economía en ruinas, el terreno para que EE.UU. recogiera su fruta madura, o madurada, estaba abonado.

En 1906 el ejército asesinó sin conmiseración alguna, a machetazos, al general Quintín Bandera; pobre y sin pensión murió Canducha, la abanderada en la toma de Bayamo, en 1868, e hija del autor del Himno Nacional; ciega y desamparada agonizó Paulina, la madre negra del Apóstol, a quien tanto ayudó en Tampa y Cayo Hueso.

La historia había comenzado cuando, tras su independencia, EE.UU. convirtió la expansión económica en prioridad de orden estratégico y algunos padres fundadores mostraron interés por dominar la Isla. En 1823 el secretario de Estado, John Quincy Adams, confesó que anexarse a Cuba les era indispensable; pero no creyó oportuno actuar aún y explica su teoría de la «fruta madura», convencido de que al separarnos de España gravitaríamos hacia el Norte, «exclusivamente».

Durante el siglo XIX, EE.UU. amplió progresivamente su dominio sobre nuestro comercio y ya en 1880 el retraso tecnológico de los ingenios criollos, el desarrollo de los refinadores yanquis y el auge del azúcar de remolacha en Europa provocaron la dependencia del crudo cubano al mercado estadounidense. Para 1895 se había consumado la anexión económica y los empresarios norteamericanos, con inversiones en Cuba valoradas en 50 millones de dólares, comienzan a presionar a Washington para hacer valer sus «derechos» sobre la Isla.

En 1897 Theodore Roosevelt, entonces subsecretario norteamericano de Marina, escribió a un amigo, con palabras que parecen de hoy: «En estricta confidencia, agradecería cualquier guerra, pues creo que este país necesita una».

En 1898 el Ejército Libertador dominaba el teatro de operaciones militares y las tropas españolas estaban agotadas física y moralmente. Aprovechando la coyuntura, el Congreso de EE.UU. aprobó una «Resolución conjunta» que establecía intervenir en la guerra para «garantizar» la libertad de Cuba, pero prometía dejar su dominio luego de pacificarla. La República en Armas la interpretó como el reconocimiento a nuestra nación y ordenó a los jefes mambises colaborar con las fuerzas estadounidenses. Lamentablemente, los jefes cubanos no pudieron acceder a la carta en la que el Subsecretario de Guerra yanqui instruía al Jefe del contingente de ocupación: «[...] Debemos destruir todo lo que esté dentro del radio de acción de nuestros cañones. Debemos concentrar el bloqueo de modo que el hambre y su eterna compañera, la peste, minen a la población civil y diezmen al ejército cubano. [...] debemos crear dificultades al gobierno independiente, y estas y la falta de medios para cumplir con nuestras demandas y las obligaciones creadas por nosotros, los gastos de guerra y la organización del nuevo país, tendrán que ser confrontadas por ellos [...]. Resumiendo: nuestra política debe ser siempre apoyar al más débil contra el más fuerte hasta que hayamos obtenido el exterminio de ambos a fin de anexarnos la Perla de las Antillas».

España capituló el 12 de agosto de 1898 y el 1ro. de enero de 1899 fue izada la bandera norteamericana. Pasados tres años, EE.UU. «autorizó» a Cuba un Gobierno propio; pero bajo amenaza de prolongar la ocupación indefinidamente impuso la Enmienda Platt, con la que dejaba claro su título de propiedad, porque le impedía celebrar tratados con otros países; establecía su facultad para intervenir en el país cuando lo demandaran sus intereses e imponía su derecho a comprar o arrendar tierras para establecer estaciones navales o carboneras.

El desprecio del interventor Wood hacia los cubanos se reflejaría en una carta donde informó al presidente Roosevelt sobre las protestas contra la Enmienda: «Ellos son los agitadores de la convención conducidos por un negrito de nombre Juan Gualberto Gómez, de hedionda reputación tanto moral como política [...] cree que él puede forzar la discusión hasta que nosotros nos retractemos [...]».

A lo largo de la República neocolonial, se acrecentaría la dependencia económica y política de EE.UU. La trágica historia terminó el 1ro. de enero de 1959. Ese día, cuando en el parque Céspedes de Santiago de Cuba Fidel Castro, artífice de la victoria, se dirigía a nuestro pueblo, por su voz hablaban también los mambises humillados, las mujeres relegadas, los negros masacrados, aquellos cubanos dignos que vieron «irse a bolina», entre el entreguismo y la corrupción, las esperanzas anidadas en sus corazones durante más de 30 años.

(Tomado de www.juventudrebelde.cu)

Seguir leyendo el resto »

28/04/2009 GMT 1

El hombre de Masinicú

mediaz @ 23:17

Por Raquel Marrero Yanes

Alberto Delgado DelgadoEn la mañana del 29 de abril de 1964 miembros del Ministerio del Interior trataban de contactar con un hombre que, a riesgo de su vida, se encontraba en la búsqueda de información sobre los planes de grupos terroristas que operaban en la zona del Escambray, en la antigua provincia de Las Villas.

Mientras avanzaban, prácticamente a las puertas de Trinidad, les salió al paso un niño que les indicó, no sin asombro, hacia un monte. El hombre que buscaban estaba allí, ahorcado, en un árbol a orillas del río Guaurabo, en la finca Masinicú (nombre propio del lugar, y no Maisinicú como ha trascendido). Era Alberto Delgado Delgado.

Había nacido el 10 de diciembre de 1932, allí en Trinidad, y desde pequeño trabajó como carbonero y cortador de caña sin poder asistir a la escuela.

Desde joven colaboró con el Movimiento 26 de Julio, y a finales de 1958 se incorporó al Ejército Rebelde. En 1961, mientras tramitaba por razones de salud su licenciamiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, conoció de las actividades contrarrevolucionarias y decidió informarlo.

A partir de ese momento, para la Seguridad del Estado Alberto Delgado se convertía en el Enano, agente designado "contacto" entre La Habana y Las Villas; para los demás comenzó a ser un contrarrevolucionario.

En funciones de administrador de la finca Masinicú, logró desarrollar vínculos con la contrarrevolución bajo la máscara de un resentido miembro del Ejército Rebelde que, una vez licenciado, solo tuvo como recompensa tan modesto empleo.

Sin disparar un tiro, el Enano hizo blanco en las entrañas del bandidismo. Actuó contra grupos de alzados que operaban en la zona y capturó importantes bandas. Con el decursar, la Seguridad le hizo saber del peligro que corría su permanencia en la finca, porque su actividad comenzaba a provocar desconfianza entre los cabecillas. No obstante, él se negó a abandonar su trinchera. Tenía la convicción de la necesidad de seguir colaborando.

En horas de la noche del 28 de abril de 1964, en las márgenes del río Guaurabo, frente a la finca Masinicú, Alberto se enfrentó en solitario a dos bandas de alzados que trataron de sacarle información sobre su actividad como agente de la Seguridad del Estado. Sus únicas armas eran las convicciones revolucionarias.

Intentó defenderse, pero como consecuencia de los golpes recibidos quedó inconsciente. Los asesinos lo colgaron entonces de una guásima, hincaron con bayonetas su cuerpo y se retiraron después para evitar un enfrentamiento con los combatientes de la Lucha Contra Bandidos.

Por razones de seguridad, Alberto Delgado fue sepultado sin que se revelara su condición de agente de la Seguridad del Estado que había ofrendado su vida, sumido en el silencio, al servicio de la Revolución. Era sencillamente un contrarrevolucionario.

Tres años después, sus restos fueron exhumados para rendirle los honores correspondientes. Fue ascendido póstumamente al grado de teniente del Ministerio del Interior e inhumado en el Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en el cementerio de Colón. Se conocía por fin la verdadera historia de un héroe anónimo, el hombre de Masinicú.

(Tomado de www.granma.co.cu)

Seguir leyendo el resto »

04/11/2008 GMT 1

Entrañas

mediaz @ 02:03

Por Yoelvis Lázaro Moreno, estudiante de Periodismo

Hay historias del pasado imposibles de olvidar aunque los años pasen. Son como abejas laboriosas empeñadas en fabricarnos un sabroso panal de recuerdos, exquisito y hasta apropiado para endulzar amargas circunstancias de la cotidianidad.

En un sitio concurrido de mi mente están grabadas las imágenes del lugar donde nací: retratos de un pretérito sencillo y profundo, al que siempre acudo cuando, agobiado por la nostalgia y la prisa, me antojo de volver a las raíces.

Muchacho al fin, allí cometí bastantes travesuras. No pocas veces caminé por encima de grandes sembradíos a espaldas de los sacrificios sudorosos de mi abuelo. Bien pequeño aprendí a diseñar muñecos de fango con los moldes ajustados a la imaginación de un inquieto chiquillo. Y poco a poco dibujé con trazos criollos mis primeras alegrías, sin más ventura que la aventura de vivirlas.

De todo ello atesoro sensibles memorias; anécdotas y escenas que conforman un patrimonio de añoranzas personales; reservorio de oxígeno y luz, esa misma luz que lleva hasta en su nombre el discreto rincón villaclareño de donde soy.

Ahora entiendo mejor aquella rápida respuesta del literato y folclorista de Camajuaní, René Batista Moreno, al que una vez le pregunté si seguiría contando historias de charcas y güijes aunque no pudiese desandar los campos como antes. Y con voz resuelta me dijo: «Ya eso no hace falta, hijo. El cuadro de mi campiña lo tengo tallado dentro».

Por estos días, tras la cólera de Gustav y Ike muchos hombres han vuelto a sus orígenes. Y lo han hecho para abrazar pechos conmovidos y dar unas palmadas en el hombro al buen vecino de antaño, o al viejo amigo de infancia y juventud que tal vez perdió la casa pero no la comodidad de que nos provee tener un pasado.

Es el caso de Kcho (Alexis Leyva Machado), apegado al sensible pincel de sus adentros para devolver la armonía a los paisajes de su Isla natal. Igual de ocupado sigue el popular Carlos Gonzalvo, quien entre chistes ha demostrado a sus coterráneos que el ingenio y la agudeza cubanas ni en broma pueden compararse con la mente de un pollo.

Quienes se disponen al reencuentro con los suyos miran atrás porque las ráfagas de Gustav y Ike sacudieron su interior; porque no hay tormenta más poderosa que la conciencia y la memoria batiendo juntas; porque la vida no es solo materia, sino espíritu, pensamiento, esencia misma.

Por eso, siempre que vuelvo al batey La Luz, le pongo las riendas de mi mente a mi viejo caballo de palo. Y me lanzo a cabalgar. Unas veces corro entre surcos, imitando a famosos jinetes como un ingenuo zorro tropical. Y otras hasta empino mi inocente papalote «chiringuero», ya forcejeado por el tiempo para irse a bolina.

¡Cuánto placer el de viajar a la semilla! ¡Qué gratitud la de poder redescubrirnos cuando se necesita superar un capricho, por natural que parezca! ¡Qué pasión la de ese romántico y potente torbellino que bate en las entrañas!

(Tomado de www.juventudrebelde.cu)

Seguir leyendo el resto »

20/09/2008 GMT 1

Un Congreso Campesino en plena contienda bélica

mediaz @ 14:27

raúl castroGenuinamente revolucionario, tanto por la esencia misma de los temas discutidos como por las soluciones planteadas, fue el Congreso Campesino en Armas celebrado el 21 de septiembre de 1958 —hace 50 años— en Soledad de Mayarí, una zona localizada dentro de los límites del II Frente Oriental Frank País.

El encuentro mostró el nivel de conciencia alcanzado por el campesinado a través del contacto con el Ejército Rebelde. Por primera vez, desde sus inicios, los hombres de tierra adentro sentían el respaldo de una fuerza armada, decidida a garantizar con plenitud los derechos que secularmente le fueron negados al guajiro cubano.

El Congreso, presidido por el entonces Comandante Raúl Castro Ruz, jefe militar de aquella insurrecta jurisdicción, contó con la asistencia de unos 200 delegados y decenas de invitados provenientes de Guantánamo, Baracoa, Alto Songo, Yateras y Mayarí. Integraban la presidencia, además, los miembros del Comité Regional Campesino, encabezado por José Ramírez Cruz; el jefe del Buró Agrario del Ejército Rebelde, José Serguera, y un numeroso grupo de miembros del Estado Mayor y jefes de departamentos adscriptos a la Comandancia, entre ellos los comandantes Carlos Jiménez Fonseca, Reynerio Jiménez y Léster Rodríguez; los capitanes Antonio Pérez Herrero y Augusto Martínez Sánchez, el teniente José Cuza y la combatiente Vilma Espín Guillois.

Dicho evento marcó el inicio de un nuevo capítulo que meses después abriría amplios horizontes al hombre de campo, especialmente a partir del 17 de mayo de 1959. Sin embargo, toda la trayectoria recorrida por el sector hasta esa fecha, cuando fue promulgada la Ley de Reforma Agraria, estuvo plagada de cuantos males pudieron aquejar a esa discriminada capa social. 

NECESARIA UNIÓN 

Explotación, miseria e ignorancia conformaron situaciones que se conjugaban con la extrema brutalidad que representó en los campos de Cuba la práctica del desalojo.

Ese fenómeno, en virtud del cual la Guardia Rural ponía sin contemplaciones de patitas en el camino real al infeliz labriego, no dejaba de ser una pesadilla en los tiempos de la pseudorrepública, instaurada en 1902, y aun antes, durante la contienda independentista, cuando el soberbio peninsular Valeriano Weyler dispuso la criminal Reconcentración, con el fin de suprimir el apoyo campesino al Ejército Libertador.

Nada es más cierto que la persecución y el acoso que ejercieron las autoridades gubernamentales y militares sobre la población rural, preterida y humillada, y ello propició su inevitable colaboración con las fuerzas guerrilleras.

En medio de las condiciones bélicas prevalecientes en el agreste lomerío oriental, los insurgentes dispensaron siempre un trato respetuoso y cordial a esas masas desvinculadas del desarrollo social, y que comenzarían a conocer las bondades de la atención medica y educacional a través de los médicos y maestros involucrados en las filas rebeldes. Por eso, cuando poco después de fundado el II Frente Oriental su jefatura convocó al cónclave, la respuesta fue de total adhesión.

Bajo el acoso constante de la aviación enemiga tuvieron que celebrarse las sesiones, en las que Pepe Ramírez llamó a la unidad más estrecha entre rebeldes y lugareños, para juntos lograr la liberación patria con el derrocamiento del régimen pro imperialista en el poder.

El Congreso devino tribuna de denuncias y de invocación a la justicia: En sus intervenciones, los participantes expresaron con libertad sus ideas, sin prejuicios ni temores, en tanto denunciaron por sus nombres a los latifundistas y propietarios de tierras que amenazaban constantemente con desalojarlos.

Del mismo modo, revelaron las extorsiones de que eran víctimas por los garroteros, y condenaron la ausencia de precios fijos a sus cosechas, amén de los abusos, atracos y la especulación extendida sin piedad por toda la región. Allí salió a relucir la inexistencia en esos parajes de casas de socorro, de caminos para facilitar el traslado de los productos, de créditos y otras cuestiones reñidas con un mínimo estado de bienestar económico y social.

Las conclusiones del trascendental evento correspondieron a Raúl. Visiblemente emocionado, en medio de un absoluto silencio, el joven dirigente revolucionario, en cuyos hombros descansaba la enorme responsabilidad política y militar de conducir la guerra en el territorio, calificó de memorable aquella jornada, y apuntó que «jamás, desde que Cuba es Cuba […] habíamos presenciado un congreso campesino, un congreso de campesinos revolucionarios en medio de una guerra […]»

«El principal objetivo de los campesinos —dijo además— debe ser en este momento forjar y mantener la unidad. He aquí lo principal si queremos lograr el triunfo y conquistar nuestras demandas […] Obreros y campesinos tienen el mismo destino: deben unirse para luchar».

Los mayores logros de la singular reunión estuvieron relacionados con el fortalecimiento de la unidad y las posiciones más revolucionarias del campesinado, la elevación a planos superiores de los vínculos y la cooperación de la población rural con los mandos y combatientes rebeldes, el impulso de los intereses del movimiento campesino en el territorio liberado, con influencias en las zonas colindantes, y la promoción del movimiento juvenil y femenino en la serranía, así como la elaboración de un plan concreto de reivindicaciones tendentes a una verdadera reforma en el agro.

Tan solo a 20 días de aquel importante acontecimiento, el Comandante en Jefe Fidel Castro firmaba en la Sierra Maestra el 10 de octubre, aniversario 80 del Grito de Yara, la Ley no. 3 sobre el derecho de los campesinos a la tierra. Su entrada en vigor de inmediato en los territorios liberados, significó una fehaciente demostración de que lo acordado en Soledad de Mayarí era ya realidad, y sería digno antecedente de aquel 17 de mayo de 1959, cuando el jefe de la Revolución rubricó el histórico documento contentivo de la primera Ley de Reforma Agraria.

(Por Benito Cuadrado Silva. Tomado de Vanguardia)

Seguir leyendo el resto »

11/09/2008 GMT 1

El terror que marca al 11 de septiembre

mediaz @ 17:51

Tres sucesos en la historia han dejado su huella el 11 de septiembre, asociados todos al terrorismo. En Chile un golpe de Estado puso fin al Gobierno constitucional de Salvador Allende; en Nueva York un asesinato sumaba otra víctima al terrorismo fraguado por grupos criminales asentados en Estados Unidos contra Cuba; también, en Nueva York, el derribo de las Torres Gemelas dio el pretexto al presidente George W. Bush para iniciar su "guerra infinita contra el terror"...

11S: GOLPE CONTRA ALLENDE

"(... ) Mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores, colocado en un tránsito histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo (... ) Sigan ustedes, sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas... "

golpe contra allende

La historia chilena vivía uno de sus episodios más trágicos. Desde el Palacio Presidencial se había escuchado el mensaje de Salvador Allende. En ese momento ya las torres de Radio Portales y Radio Corporación ardían. El ultimátum de bombardeo a La Moneda también era conocido.

El entonces general en jefe de las Fuerzas Armadas, Augusto Pinochet, con la complicidad de Estados Unidos, lideraba el plan golpista, aplicando la fórmula del terrorismo de Estado contra un gobierno constitucional elegido democráticamente por el pueblo. Los sucesos del 29 de junio de 1973, conocidos como el Tanquetazo, devinieron un ensayo. Dejaron la estela de otro inminente ataque contra el Gobierno de la Unidad Popular, el cual acontecería casi tres meses después.

Fue aquella mañana del 11 de septiembre. El Presidente se había presentado en La Moneda para defender la revolución que erigía desde 1970. En una de sus manos sostenía el arma con la inscripción "A Salvador Allende, mi hermano de lucha", obsequiada por Fidel durante una visita a Chile. Poco después de su mensaje se escuchó el estruendo...

La imagen de La Moneda invadida por el fuego viajó el mundo.

Aunque se iniciaba para el país un largo período de terror, las ideas de Allende continuaron guiando al pueblo hasta la caída de Pinochet. Comenzaban a abrirse las grandes alamedas.

11S: ASESINATO DE FÉLIX GARCÍA

El crimen ocupó titulares. Era el 11 de septiembre de 1980. El secretario de Estado era Edmund S. Muskie, y el presidente, James Carter. El asesinato del diplomático cubano Félix García Rodríguez había creado una inmensa conmoción entre todo el personal de las Naciones Unidas.

En una llamada a la agencia de prensa AP, un interlocutor anónimo reivindicó el crimen a nombre de Omega 7, y calificó a la víctima de "comunista".

Finalmente, el 9 de septiembre de 1985, a casi cinco años del crimen que había estremecido a Nueva York, Pedro Remón fue acusado de aquel asesinato ante un tribunal penal, junto a Andrés García y Eduardo Losada Fernández.

El 7 de febrero de 1986, Remón, después de negarse constantemente a colaborar con las autoridades, sin nunca admitir que era miembro de Omega 7, reconoció su culpabilidad en la acusación de conspiración ante un juez complaciente. Se salvó con una sentencia de las que el imperio reserva a sus amigos. El 14 de diciembre de 1990 estaba ya en la calle, listo para seguir con sus planes asesinos.

En noviembre del 2000 fue arrestado en Panamá junto a Luis Posada Carriles, mientras preparaba la destrucción con explosivos del anfiteatro universitario donde iba a hablar Fidel y que hubiera costado la vida también a miles de estudiantes panameños.

Fue liberado en agosto del 2004, indultado por la ex presidenta panameña Mireya Moscoso; regresó a Estados Unidos sin problema alguno, y desde entonces sigue predicando el uso del terror en reuniones públicas de Alpha 66.

11S: EL PRETEXTO

Hace exactamente siete años de aquel 11 de septiembre cuando dos acciones por separado, con cuatro aviones, irrumpieron contra dos símbolos de la sociedad norteamericana: las Torres Gemelas, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington. A partir de entonces y con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, mucha sangre y destrucción, mucho luto y desolación, ha llevado al mundo el gobierno del presidente George W. Bush.

Aquel acto de terrorismo fue la justificación para hechos mayores. Al inquilino de la Casa Blanca le vino como anillo al dedo (de ahí las dudas) que existiera un 11 de septiembre, para llevar adelante planes de invasión y ocupación como los de Afganistán e Iraq, y amenazar a muchos otros países que, a criterio de Bush, integran la nómina de naciones patrocinadoras del terrorismo.

Habían pasado solo 26 días del atentado cuando Afganistán fue atacado por la mayor coalición bélica de la historia encabezada por Washington. Más de 1 000 millones de dólares mensuales en gastos militares fue el saldo de los primeros seis meses de guerra. Después la cifra se ha multiplicado varias veces.

Toda esa fuerza —se decía— para capturar vivo o muerto a Osama bin Laden y al Mulah Omar, este último el presidente talibán que gobernaba Kabul al momento de la invasión yanki.

La realidad ha sido otra. Bin Laden ha tirado perfectas trompetillas a Bush, y el Mulah Omar no se sabe dónde está.

Luego vino la invasión y ocupación de Iraq. Más de un millón de muertos, un país destruido, una cultura arrasada... y la mayor potencia militar del mundo, EE.UU., empantanada.

(Por: MIRIELA FERNÁNDEZ, JEAN GUY ALLARD Y ELSON CONCEPCIÓN. Tomado de: http://www.granma.cubaweb.cu/2008/09/11/interna/artic05.html)

Seguir leyendo el resto »

25/07/2008 GMT 1

El día que todo empezó a cambiar en Cuba

mediaz @ 23:53

Los disparos que iniciaron los combates ante los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes hace 55 años, representaron mucho más que una acción heroica de los jóvenes encabezados por Fidel Castro.

moncada

El ataque a las fortalezas militares, a pesar del revés sufrido en esa ocasión, no fue sólo una sacudida histórica al país político tradicional, adormecido por el miedo, la inacción y hasta la colaboración con la dictadura en el poder.Se trató de un punto de partida para la irrupción en el panorama nacional de una nueva generación repleta de ideales y decisión, dispuesta a cambiar realmente la realidad de una nación carcomida por la corrupción y el sometimiento a intereses foráneos.Las características de la propia organización de los ataques y el reclutamiento de los participantes habían reflejado la proyección independiente y distinta del colectivo de combatientes.

 Junto a Fidel Castro se reunieron jóvenes humildes, sin aspiraciones personales, defraudados por las dirigencias políticas tradicionales, dispuestos al sacrificio por lograr cambiar el duro presente vivido por Cuba.De sus magras economías personales surgieron los fondos para costear armas y otros recursos indispensables, utilizados luego en la lucha contra uno de los ejércitos mejor apertrechados por Estados Unidos en el continente.Son varias las historias conocidas sobre esos empeños en los cuales algunos donaron hasta el último centavo que poseían o vendieron sus pertenencias y hasta su puesto de trabajo para ayudar a materializar el proyecto revolucionario.Esas realidades marcaron desde el comienzo un movimiento nacido del sacrificio, ajeno a las ataduras con grandes intereses de la política y la sociedad de la Cuba de la época, y por supuesto, comprometido entonces con metas que implicaban los cambios más profundos.Si alguien dudara de ello, el alegato de Fidel Castro ante el tribunal que lo juzgó subrayó las intenciones de la Generación del Centenario al difundir las proyecciones de aquellos luchadores convertidas hoy en realidades.La proclamación pública de esas ideas al calor de la impactante jornada armada protagonizada poco antes, demostró que aquel 26 de Julio fue el día en que todo comenzó a cambiar en Cuba.(Por: Javier Rodríguez Roque. Tomado de: http://www.prensa-latina.cu)

Seguir leyendo el resto »

Villaclareños en la gesta

mediaz @ 23:14

abelCuando el joven encrucijadense Abel Santamaría Cuadrado recibe la misión de ocupar el hospital civil Saturnino Lora, en Santiago de Cuba, como parte de las acciones del 26 de julio de 1953, le plantea a Fidel:

«Yo no voy al Hospital. Que para allá vayan las mujeres y el médico. Yo tengo que pelear si hay pelea; que otros pasen los discos y repartan las proclamas.»

 

«Tú tienes que ir al Hospital Civil, Abel, porque yo soy el jefe, y debo estar al frente de los hombres. Tú eres el segundo, yo posiblemente no voy a regresar con vida», le responde el líder de la Revolución.  

El diálogo entre los dos muestra la disposición de ambos para afrontar los mayores peligros, sin asomo de temor alguno y con una fidelidad infinita a la causa de su pueblo. También expresa el sentimiento más claro y honrado de la amistad que existía entre ellos.

 

«No vamos a hacer como hizo Martí, ir tú al lugar más peligroso e inmolarte cuando más falta haces a todos», responde tempestuoso Abel.

Fidel coloca sus manos sobre los hombros del más querido, intrépido y generoso de sus combatientes, y de manera contundente le señala:

«Yo voy al cuartel y tú vas al hospital, porque tú eres el alma de este movimiento, y si yo muero, tú me remplazarás.»

Abel cumple la orden de su jefe, pero durante el asalto a la segunda fortaleza militar de la Isla, falla el factor sorpresa, lo que impide el éxito de la acción. Varios jóvenes mueren en el mismo ataque; otros, más tarde, son vilmente torturados y asesinados.

Entre estos últimos se encuentra Abel, a quien los cobardes le arrancan los ojos para que delate a sus compañeros. Pero chocan  con la inmensidad de su figura, a la que no pueden quitarle la dignidad y la nobleza. De esa manera convierte en profecía las palabras que pronunció a sus compañeros de armas, el día anterior al glorioso acto rebelde, en la Granjita Siboney:

«Es necesario que todos vayamos a la acción con fe en el triunfo. Si el destino nos es adverso, estamos obligados a ser valientes en la derrota, porque lo que pase allí en el Moncada se sabrá algún día, la historia lo registrará y nuestra disposición de morir por la patria será imitada por todos los jóvenes de Cuba. Nuestro ejemplo merece sacrificio y mitiga el dolor que podemos causarles a nuestros padres y demás seres queridos. ¡Morir por la patria es vivir!»  

Su hermana Haydeé, que junto a Melba Hernández representa lo más valioso de la mujer cubana en este hecho, sufre en carne propia tan lamentable pérdida para la familia y para la Revolución. Cuando intentan obtener de ella algún dato relevante, reprende a los verdugos con estas palabras: «Si a mi hermano le sacaron los ojos y él no dijo nada, mucho menos diré yo.»

Haydeé recibe otro golpe demoledor: la pérdida de su novio Boris Luis Santa Coloma, y a pesar del inmenso dolor continúa en la batalla. Después del juicio a los moncadistas cumple un papel muy valioso en la difusión de «La Historia me absolverá», alegato de defensa de Fidel. 

Su participación en los sucesos del 26 de Julio demuestra la firmeza de las mujeres ante las injusticias y llena de más gloria a la familia Santamaría Cuadrado, cuya formación revolucionaria germinó en las tierras vilaclareñas de Encrucijada. 

Participar en la Historia  
 

Natural de la finca Angelita, perteneciente al actual municipio de Quemado de Güines, Elpidio Sosa (Sosita) rápidamente siente inclinación por las ideas revolucionarias. Sus lecturas acerca de la situación de los trabajadores, la discriminación social y racial, dejan en él profundos sentimientos de patriotismo y rebeldía. Sus estudios en la ciudad de Sagua la Grande le forjan el carácter y motivan, con mayor fuerza, sus ansias de libertad.

Establecido en La Habana hacia 1950, enseguida establece contacto con miembros de la Juventud Ortodoxa, entre los que se encuentran Fidel, Abel, Calixto García, Jesús Montané y otros jóvenes que luego integrarían la Generación del Centenario. Con ellos discute, aprende, realiza prácticas de tiro y toma plena conciencia del momento que vive la patria.

Según relata un estudio de la Sección de Investigaciones Históricas del Comité Provincial del Partido, «la confianza que Fidel y los demás dirigentes del Movimiento tenían en Elpidio Sosa se evidencia en el hecho de que él es uno de los escasos compañeros que conocerá el verdadero objetivo de la acción. Por tal motivo, el 14 de julio marchó, junto con Abel Santamaría y Ernesto Tizol, hacia Santiago de Cuba, con el fin de alquilar la finca Siboney, muy próxima a esa ciudad, y donde bajo la cobertura de una granja de pollos se establecerá el cuartel general de los combatientes del 26 de Julio en la capital oriental».

Debido al carácter secreto de la acción, Elpidio manifiesta a sus familiares que marchará hacia Pinar del Río con la finalidad de pasar unos días en una finca dedicada al cultivo del arroz.

 

Solo uno de sus hermanos conoce la verdad, cuando Sosita le dice: «Voy a la muerte; tengo la seguridad de que voy a morir, pero la causa que defendemos no admite demoras. Estoy enfermo de asco desde que se encaramó en el poder el tirano. No puedo ni quiero hablar de eso; lo que hay que hacer, se hará. Y quizás no podré verlo, pero surgirá una Cuba nueva, limpia y diferente.»

Con solo 24 años, Elpidio Sosa cae combatiendo en los muros del Moncada, por los ideales que tanto defendió durante toda su vida. Cuentan que siempre le gustaba decir: «Yo soy un hombre que quiere luchar; yo quiero participar en la Historia». Y sin duda, lo logró. 

Fidel, igual a Martí  
 

Antes de partir a Oriente para formar parte del importante acontecimiento que estremeció al país, Osvaldo Socarrás Martínez visita a sus familiares en Santa Clara. Saluda a su hermana Felicia, se despide de su madre Antonia y le comenta a su padre José: «Viejo, yo conocí a Fidel, y es igualito a Martí.»

Osvaldo ve en el joven abogado la esperanza de Cuba frente a la pobreza que impera por todas partes. Incluso, llega a decir en una ocasión que mientras las cosas estuvieran así no se casaba, porque «para pasar hambre con uno que la sintiera bastaba».

El 14 de octubre de 1952, el periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular (PSP), publica una entrevista con Osvaldo, en la que deja claros cuáles son los problemas que incitan a los cubanos a enfrentar la tiranía de Batista:

«Ahora gano menos que antes del 10 de marzo y paso más hambre. Vivo peor. Este gobierno no ha cumplido nada de lo que prometió al pueblo.

«¿Dónde están las fuentes de trabajo que iban a crear? ¿Donde está el bienestar que dijeron tendría el pueblo?

«Mentira, los pobres como yo ahora tenemos más hambre y más miseria que antes del Golpe. Yo me levanto a las seis de la mañana y mi jornada de trabajo no termina hasta tarde en la noche. En mi oficio de parqueador no hay límite para la labor. La cuestión es trabajar para comer y costear el alojamiento.

«Ahora no solo hay menos trabajo, sino que hoy se gana menos. Mi situación es peor que antes y… ¡qué duro es pasar hambre! Aquí donde me ve, solo tengo treinta y tres años, y parece que tengo veinte más, ¿no? Le diré lo que pasa: en el régimen actual se pasa mucha más hambre y muchos trabajos, y estas dos cosas envejecen más que los años.»

Sin duda, estas causas radicalizan el pensamiento de Osvaldo Socarrás y lo llevan a la lucha con un gran entusiasmo que impresiona a todos en la Granjita Siboney, como bien lo narra Melba Hernández.

Según una entrevista al supervisor militar de la Prisión Provincial de Puerto Boniato, Socarrás fue herido en combate frente al Moncada y asesinado después, como muchos de sus compañeros. 

En el altar de los héroes  

En el altar que recuerda a los héroes villaclareños caídos en el cuartel de Santiago o en el Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, hay que poner con letras de honor los nombres de Pablo Agüero Guedes y Roberto Mederos Rodríguez.

El primero, nacido en Caibarién, comprende desde muy temprano la necesidad de barrer los males de la seudorrepública y simpatiza con las ideas más progresistas de la época, representadas por Eduardo Chibás.

Poco después del golpe del 10 de marzo comienza a conspirar en La Habana, en una de las células secretas del Movimiento liderado por Fidel. Por ello resulta escogido para el ataque al fuerte bayamés, segundo objetivo a asaltar en el Oriente cubano. Después de una lucha desigual, los combatientes se dispersan por varios sitios. Pablo se interna con un reducido grupo en uno de los arrozales cercanos; pero, mientras acampa en un bohío de la finca Ceja de Limones, los sicarios de la dictadura lo capturan y asesinan, sin poder ofrecer resistencia.  

A Roberto Mederos también la vida se le escapa muy temprano. De su tierra natal, Sagua la Grande, parte a la capital del país con sus padres en la década del 30. Allí participa en actividades de repulsa al golpe de Estado y en el Desfile de las Antorchas que conmemoró el centenario de Martí.

También forma parte de la enorme manifestación en que se convierte el sepelio de Rubén Batista.

El 24 de julio de 1953, a las 11:00 de la noche, sale de su casa con el pretexto de ir a Varadero junto con unos amigos. Dos días después escribe una página imborrable en la Historia de Cuba, al quedar para siempre en el alma de la patria.

Estos jóvenes, que lo dieron todo por una isla libre de cadenas, hoy se sentirían orgullosos de su provincia, vencedora de dificultades y obstáculos. Por ello, frente a los recuerdos de los mártires, un pionero villaclareño escribió en el libro de visitas del asaltado cuartel, hace ya algunos años: En los muros del Moncada / a los héroes les diremos / que jamás traicionaremos / tanta sangre derramada.        

 Fuentes consultadas

Colectivo de autores: «Combatientes villaclareños caídos: asaltantes del Moncada y Bayazo». Sección de Investigaciones  Históricas. Comité Provincial del Partido. Villa Clara.

Rojas, Marta: «El asalto al Moncada». En: Bohemia, enero de 1959.      

García, Pedro Antonio: «Abel era la vida». En: Bohemia, 20 de julio 2007. 

(Por Yoerky Sánchez Cuellar. Tomado de Vanguardia)   

Seguir leyendo el resto »

24/07/2008 GMT 1

Aniversario 225 del nacimiento de Simón Bolívar

mediaz @ 17:22

bolívar

La celebración por el aniversario 225 del nacimiento de Simón Bolívar, y los tres lustros de la Casa Museo del Centro Histórico que lleva el nombre del Libertador, tendrá lugar mañana, en esta capital.En la ocasión será colocada una ofrenda floral y será presentada, además, la maqueta del buque San Ildefonso, navío que participó en la batalla de Trafalgar, y en el cual Bolívar viajó a los 16 años en su primera travesía a España en 1799.

 El buque hizo escala en La Habana, aunque permaneció en puerto habanero alrededor de 48 horas sin poder desembarcar, a causa de un bloqueo inglés. Esa pieza, realizada por el ingeniero Yosniel Bouza Miranda, pasará a formar parte de los fondos de la Casa Museo e incrementará la colección con la que diariamente trabajan sus especialistas para mantener vivo el legado bolivariano.El 24 de julio de 1783, un hecho trascendental marcaría la historia de América Latina: el nacimiento de Simón Bolívar, El Libertador. Más de dos centurias después la figura del genio de América, como también lo llamaron, se debate entre leyenda y realidad, a tal punto en que a muchos les resulta difícil despejar el mito para apreciar su dimensión como ser real.Bolívar fue un hombre signado por su época, acarició el sueño de una nación grande y poderosa y vivió para hacerlo realidad. Emancipador de cinco y creador de una, el "caraqueño americano", como él mismo se autodenominaba, aún cabalga por el continente con su halo de misterio y de historicidad.El Libertador y Padre de la Patria murió el 17 de diciembre de 1830.(Por: Idania Rodríguez Echevarría. Tomado de www.ain.cu) 

Seguir leyendo el resto »

22/07/2008 GMT 1

Recuerdos sobre Blas Roca

mediaz @ 16:35

En ocasión del centenario del natalicio de este incansable luchador comunista cubano, reproducimos este material escrito por el colega Juan Marrero y publicado en Granma en abril de 1987.

 

blas

 El 24 de julio se cumple el centenario del natalicio de Blas Roca. Trabajé muy cercano a él desde 1962 hasta 1965 en el periódico Hoy. En ese tiempo, fui secretario general de la sección sindical de ese colectivo, frente al cual Blas prestaba permanente atención; después, desempeñé la jefatura de redacción del diario, lo que determinaba un estrecho contacto cada día con él.

 

Cuando murió el 25 de abril de 1987, al día siguiente de ese triste momento, publiqué en Granma mis impresiones sobre este gran hombre y gran revolucionario. Han transcurrido 21 años. Volví a leer esas notas con la intención de escribir para el sitio cubaperiodistas.cu sobre el paso de Blas Roca por el periodismo tras el triunfo de la Revolución. Opté, sin embargo, por colocar en internet, para muchos nuevos lectores sin duda, lo ya escrito.

 

Y he aquí esas impresiones, sin despojarlas ni añadirles una palabra:

De Blas Roca, quien fuera mi director en el periódico Hoy entre los años 1962 y 1965, escribí anteriormente una pequeña crónica. Lo hice en la clausura del Segundo Congreso del Partido Comunista de Cuba. Lo motivó su ausencia en la presidencia del acto efectuado en el teatro Carlos Marx.

Allí, a causa de su quebrantada salud, el asiento que debía ocupar había quedado vacío. Y él ocupó mi corazón y el de todos los participantes del histórico acontecimiento. De ahí que aquella breve nota, que se publicó en Granma, la titulara: “Un asiento vacío en el corazón de todos”.

 Blas es de esos hombres de quienes no es posible hablar en pasado y mucho menos hacerlo sin hacer trascender emoción y amor. Hoy tiene sus ojos cerrados, sus manos no pueden moverse acompañando con suavidad la serenidad de sus palabras, pero con ello es imposible sepultar la riqueza de virtudes que en él se atesoran.

Muy pocos hombres públicos he conocido donde estén presentes, armónicamente en una misma alma, la modestia, la humildad, la generosidad, la nobleza, el espíritu de lucha y sacrificio, la fidelidad a la causa marxista-leninista, el amor a la Patria, el desvelo por obreros y campesinos, explotados y oprimidos, la vocación de maestro, la firmeza revolucionaria, la lealtad al Partido…

Tuve el inmenso privilegio de apreciar directamente esas virtudes, días tras días durante casi tres años.

Lo recuerdo llegando a la redacción de Prado y Teniente Rey, cada mañana, siempre sonriente y afable, abierto al saludo o a decepcionar cualquier inquietud, preocupación o queja. Lo veo entrando a su despacho y poniéndose de inmediato a escribir el editorial del día o su sección “Aclaraciones”, escritos de mucha utilidad en aquellos tiempos para armar al pueblo de argumentos sólidos con qué enfrentar a los enemigos de la Revolución y el socialismo.

Lo recuerdo tomando su pluma de fuente y llevando al papel sus ideas con un estilo directo, conciso, claro, siempre tratando de que todos los lectores captasen, sin mucho esfuerzo, lo que quería decirles. Lo hacía sobre unas pequeñas hojas de papel gaceta (cada cuartilla las cortaba a la mitad) con una letra minúscula y dejando un gran espacio entre renglón y renglón.

Lo recuerdo reuniéndose a diario, poco después del mediodía, con diversos factores de la confección del periódico para analizar la edición publicada esa mañana; chequeando si se había cumplido el horario de cierre, si habían existido problemas con la distribución del periódico, si salieron errores o erratas. No faltaban en esos encuentros sus observaciones críticas, sugerencias, para mejorar el trabajo, e incluso orientaciones para la realización de artículos y reportajes.

Lo recuerdo preocupado constantemente por la marcha del trabajo sindical, la actividad del núcleo del Partido y de la Juventud. Si había una asamblea en los talleres, en la administración o en la redacción se hacía presente en ella para escuchar lo que opinaban los trabajadores.

Lo recuerdo cada día, a las tres de la tarde en punto, ni un minuto antes ni uno después, dando inicio a la reunión de producción del periódico con el subdirector, los jefes de información, redacción y de páginas. Escuchaba los informes sobre los acontecimientos del día y daba orientaciones concretas. Aquel encuentro de trabajo jamás sobrepasaba los 20 minutos. Lo recuerdo recibiendo a las delegaciones extranjeras, embajadores y otros visitantes.

Únicamente se ausentaba del periódico cuando sus deberes como dirigente del Partido lo reclamaban en una reunión, en una asamblea de trabajadores o en una recepción diplomática. Tarde en la noche, cuando ya de las máquinas impresoras salían los primeros centenares de periódicos, lo veíamos abandonar la redacción, llevando en su portafolio documentos e informes que, seguramente, debería leer antes de dormir.

Algún que otro domingo, si disponía de tiempo, le agradaba invitar a los compañeros del periódico a estar con él en una pequeña finquita en los alrededores de El Cacahual. Allí se pasaba parte de la jornada jugando al dominó, uno de sus principales entretenimientos.

Aquellos que trabajaron con él más directamente e incluso durante un más largo número de años, podrán, quizás, ser más precisos y ricos en información. Pienso, sin embargo, que ni ellos ni yo podríamos ser capaces de mostrar en toda su dimensión a Blas, a quien Fidel definió hace algunos años, en el acto por el aniversario 50 del primer partido marxista-leninista, como “uno de los hombres más nobles, más humanos y más generosos que hemos conocido”.

Y esa generosidad ha estado presente en su quehacer político cuando depositó en las manos de Fidel, en 1961, las gloriosas banderas de los comunistas cubanos en un genuino acto de contribución a la fusión de las fuerzas revolucionarias. O cuando durante el Tercer Congreso del Partido dirigió una carta a Fidel exponiéndole que ante su quebrantada salud, pedía se le liberara de sus responsabilidades como dirigente del Partido.

Aquella crónica que escribimos en Granma, el 21 de diciembre de 1980, la concluíamos citando algo que dijo Martí en una ocasión: “Vale y vivirás, sirve y vivirás, ama y vivirás”. Como las virtudes de Blas lo hacen valer mucho, ha servido a la patria y el socialismo desinteresadamente y ha amado con ardor a su pueblo, a sus compañeros, y en especial a Fidel y a Raúl, vivirá para siempre en el corazón de todos.

Su asiento no está vacío. Lo ocupa su historia ejemplar. Y los corazones de todo su Partido y su pueblo. 

Seguir leyendo el resto »

01/07/2008 GMT 1

Grandes momentos del fotorreportaje cubano

mediaz @ 14:28

La estatua de La República

estatuaEsta fotografía de la estatua de la República, que preside el Capitolio Nacional de Cuba, fue tomada en Roma  el 17 de abril de 1929 en el taller del artista italiano que la construyó, Angelo Zanetti. Fue en el momento en que iba a ser trasladada en un vagón especial hasta el puerto de Nápoles para ser embarcada a La Habana. La efigie, rodeada por el escultor y los 24 ayudantes y obreros que intervinieron en su realización, da una idea del colosal tamaño de la obra. La foto, distribuida por la Wide Word Photo, fue publicada en los diarios habaneros pocos días después.

La historia de esta simbólica estatua había comenzado dos años antes, cuando el doctor Carlos Miguel de Céspedes, secretario de Obras Públicas del gobierno del general Machado, invitó a La Habana al célebre escultor Angelo Zanetti. El artista, formado en la escuela clásica italiana, gozaba de gran fama por las obras que había realizado, entre ellas el célebre friso del Altar de la Patria, que forma parte del monumento al Rey Víctor Manuel II en la capital italiana. 

Carlos Miguel le había encargado la realización de las tres grandes estatuas que adornarían  el Capitolio de la República. Dos serían colocadas en el exterior, a ambos lados de la gigantesca escalinata, y representarían el Trabajo y la Virtud. La tercera, la más importante, simbolizaría la República y sería colocada en el centro del espacioso Salón de los Pasos Perdidos, justamente debajo de la cúpula del Capitolio.  

Zanetti, impresionado por la suntuosidad, belleza y detalles de la obra, estudió la posición, forma y dimensiones que más convenían. También tuvo en cuenta el lugar donde sería emplazada, las vías para entrarla y la manera de ensamblarla dentro del edificio. Pero lo más importante para él era encontrar las facciones y la figura para la escultura que iba a cincelar. Se había inspirado en Atenea, la diosa griega de la industria, las artes, la sabiduría y la guerra, pero sus formas y su rostro debían tener las peculiaridades propias de la mujer cubana, y se dio a la tarea de buscar una modelo. La encontró en una mulata habanera de elegante figura, llamada Lily Valty, que algunos afirman fue su esposa. Sin embargo, su rostro no encajaba con la que él había concebido para su obra. Por casualidad conoció en la casa de un compatriota suyo a Elena de Cárdenas y Echarte, una criolla cuyas facciones coincidían con el ideal soñado por el escultor. Con ambas mujeres hizo varios estudios escultóricos en miniatura, y con los apuntes, bocetos, maquetas y los planos del edificio regresó a su estudio de Roma para el colosal proyecto.  

Le llevó dos años realizar la obra, que tiene una altura de 11,50 metros desde la base hasta la cabeza, a la que hay que añadir el brazo y la lanza, así alcanza una altura total de 14,60 metros y descansa sobre un pedestal de mármol de 2,50 metros. La figura muestra a una gallarda mujer ataviada con una túnica y un gorro frigio, y armada de una lanza en su mano derecha, mientras que en la izquierda sostiene un escudo que se apoya en el suelo. Es de bronce fundido, dorada electrolíticamente, y hueca. Pesa 30 toneladas.  

Es la tercera estatua bajo techo en el mundo en tamaño, superada solo por el Buda de Oro de Nava, Japón, y la de Abraham Lincoln, en el mausoleo erigido en su honor en Washington. 

Llegó a la Habana en tres grandes embalajes que tuvieron que ser cargados en hombros para poder subirlos por la gran escalinata. Se ensambló con absoluta perfección pocos días antes de la inauguración del Capitolio, el 20 de mayo de 1929.

Zanetti tituló su obra: La Virtud Republicana, aunque en Cuba se ha conocido simplemente  como la estatua de La República, de La Patria o de La Libertad. 

Fuentes:
- La Habana, apuntes históricos. Emilio Roig de Leuchsenring.

- Manuel Martínez Illa, jefe del Departamento de Fotografía y Cine de la Secretaría de Obras Públicas, desde su creación en 1926 hasta su jubilación en 1960.

Por José Oller (Tomado de Cubaperiodistas)

Seguir leyendo el resto »

Contactar con la autora o autor | Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis