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Desde Santa Clara, Cuba.

Categoría: Historias

01/07/2008 GMT 1

Grandes momentos del fotorreportaje cubano

mediaz @ 14:28

La estatua de La República

estatuaEsta fotografía de la estatua de la República, que preside el Capitolio Nacional de Cuba, fue tomada en Roma  el 17 de abril de 1929 en el taller del artista italiano que la construyó, Angelo Zanetti. Fue en el momento en que iba a ser trasladada en un vagón especial hasta el puerto de Nápoles para ser embarcada a La Habana. La efigie, rodeada por el escultor y los 24 ayudantes y obreros que intervinieron en su realización, da una idea del colosal tamaño de la obra. La foto, distribuida por la Wide Word Photo, fue publicada en los diarios habaneros pocos días después.

La historia de esta simbólica estatua había comenzado dos años antes, cuando el doctor Carlos Miguel de Céspedes, secretario de Obras Públicas del gobierno del general Machado, invitó a La Habana al célebre escultor Angelo Zanetti. El artista, formado en la escuela clásica italiana, gozaba de gran fama por las obras que había realizado, entre ellas el célebre friso del Altar de la Patria, que forma parte del monumento al Rey Víctor Manuel II en la capital italiana. 

Carlos Miguel le había encargado la realización de las tres grandes estatuas que adornarían  el Capitolio de la República. Dos serían colocadas en el exterior, a ambos lados de la gigantesca escalinata, y representarían el Trabajo y la Virtud. La tercera, la más importante, simbolizaría la República y sería colocada en el centro del espacioso Salón de los Pasos Perdidos, justamente debajo de la cúpula del Capitolio.  

Zanetti, impresionado por la suntuosidad, belleza y detalles de la obra, estudió la posición, forma y dimensiones que más convenían. También tuvo en cuenta el lugar donde sería emplazada, las vías para entrarla y la manera de ensamblarla dentro del edificio. Pero lo más importante para él era encontrar las facciones y la figura para la escultura que iba a cincelar. Se había inspirado en Atenea, la diosa griega de la industria, las artes, la sabiduría y la guerra, pero sus formas y su rostro debían tener las peculiaridades propias de la mujer cubana, y se dio a la tarea de buscar una modelo. La encontró en una mulata habanera de elegante figura, llamada Lily Valty, que algunos afirman fue su esposa. Sin embargo, su rostro no encajaba con la que él había concebido para su obra. Por casualidad conoció en la casa de un compatriota suyo a Elena de Cárdenas y Echarte, una criolla cuyas facciones coincidían con el ideal soñado por el escultor. Con ambas mujeres hizo varios estudios escultóricos en miniatura, y con los apuntes, bocetos, maquetas y los planos del edificio regresó a su estudio de Roma para el colosal proyecto.  

Le llevó dos años realizar la obra, que tiene una altura de 11,50 metros desde la base hasta la cabeza, a la que hay que añadir el brazo y la lanza, así alcanza una altura total de 14,60 metros y descansa sobre un pedestal de mármol de 2,50 metros. La figura muestra a una gallarda mujer ataviada con una túnica y un gorro frigio, y armada de una lanza en su mano derecha, mientras que en la izquierda sostiene un escudo que se apoya en el suelo. Es de bronce fundido, dorada electrolíticamente, y hueca. Pesa 30 toneladas.  

Es la tercera estatua bajo techo en el mundo en tamaño, superada solo por el Buda de Oro de Nava, Japón, y la de Abraham Lincoln, en el mausoleo erigido en su honor en Washington. 

Llegó a la Habana en tres grandes embalajes que tuvieron que ser cargados en hombros para poder subirlos por la gran escalinata. Se ensambló con absoluta perfección pocos días antes de la inauguración del Capitolio, el 20 de mayo de 1929.

Zanetti tituló su obra: La Virtud Republicana, aunque en Cuba se ha conocido simplemente  como la estatua de La República, de La Patria o de La Libertad. 

Fuentes:
- La Habana, apuntes históricos. Emilio Roig de Leuchsenring.

- Manuel Martínez Illa, jefe del Departamento de Fotografía y Cine de la Secretaría de Obras Públicas, desde su creación en 1926 hasta su jubilación en 1960.

Por José Oller (Tomado de Cubaperiodistas)

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10/06/2008 GMT 1

Hasta siempre, Comandante

mediaz @ 03:44

 

Carlos PueblaLa noche en que Fidel dio a conocer al pueblo la carta de despedida del Comandante Ernesto Che Guevara, Carlos Puebla (Manzanillo, 11 de septiembre de 1917-La Habana, 12 de julio de 1989) no pudo conciliar el sueño. Estremecido por la noticia de la partida del Guerrillero Heroico, se fue a su estudio y no salió de allí hasta haber concluido la que es, quizás, su más conocida canción: Hasta siempre, Comandante. Cantada en diversos idiomas, interpretada por agrupaciones corales, orquestas sinfónicas, solistas, tríos..., se ha convertido en un himno, en un canto de amor y de esperanza.

Aquí les ofrezco la letra de esta canción que para los santaclareños ha adquirido mayor relevancia desde que se construyera aquí la Plaza de la Revolución Ernesto Che Guevara, en cuyo Memorial se guardan los restos del Che y sus compañeros de la guerrilla boliviana.

Hasta siempre, Comandanteche_10001.jpg

Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura

le puso cerco a la muerte.

(Estribillo):

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,

de tu querida presencia,

Comandante Che Guevara.

Tu mano gloriosa y fuerte
sobre la historia dispara

cuando todo Santa Clara

se despierta para verte.

(Se repite el estribillo)

Vienes quemando la brisa
con soles de primavera

para plantar la bandera

con la luz de tu sonrisa.

(Se repite el estribillo)

Tu amor revolucionario
te conduce a nueva empresa

donde esperan la firmeza

de tu brazo libertario.

(Se repite el estribillo)

Seguiremos adelante
como junto a ti seguimos
y con Fidel te decimos:
Hasta siempre, Comandante.


(Se repite el estribillo)

 

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18/05/2008 GMT 1

Las dos muertes de Martí

mediaz @ 13:38

La primera se produjo en Dos Ríos, aquel 19 de mayo de 1895, frente a los soldados españoles que no podían imaginar quién era aquel intrépido mambí que se lanzaba al combate en primera fila, blandiendo un pequeño revolver montado en un desbocado caballo blanco. Con su muerte, Cuba perdía al que había organizado con su verbo y acción, recorriendo las tierras de América, la que él llamara "la guerra justa y necesaria".

Martí

La segunda muerte de Martí ocurrió pocos años después, precisamente el 20 de mayo de 1902 al establecerse la República de la Enmienda Platt, la que surgiera atada por ese apéndice constitucional al "poderoso vecino del Norte, revuelto y brutal que nos desprecia", como calificara el propio Martí a los Estados Unidos, país donde vivió gran parte de su  vida y en el cual aprendió a querer y a respetar al pueblo norteamericano con la misma fuerza e intensidad que rechazaba el designio imperial de sus gobernantes. El Estados Unidos que amara Martí era el de la patria de Lincoln.

Ha pasado más de un siglo. Y todavía tenemos presente el contraste de la significación histórica y diferencia fundamental que existe entre el 19 de mayo de 1895 y el 20 de mayo de 1902, la segunda muerte de José Martí. A los cubanos nos enseñaron por muchos años en los libros de la escuela que el 19 de mayo era fecha de luto y que un día después venía la fiesta del 20 de mayo.

Se engalanaban los pueblos y ciudades con arcos de triunfo, y se celebraban verbenas, con desfiles, bandas, orquestas y fuegos artificiosos.  ¡Era el aniversario del nacimiento de la República y había que celebrarlo. ¡Qué República!  La  república de "generales y doctores" como la bautizara el escritor patriota Carlos Loveira. Y por supuesto, la fiesta era dando gracias, mil gracias, a los americanos  que habían "desembarcado para liberarnos del yugo colonial", decían los periódicos de la época.

Nada distinto de lo que hoy escuchamos en Miami en emisoras de radio y televisión. Y hasta El Nuevo Herald publica un suplemento dedicado al 20 de mayo donde aparecen mezclados, todo mezclado, José  Martí, el que murió en Dos Ríos por una Cuba libre y soberana, y el 20 de mayo, la fecha en que gobernantes americanos y cubanos de su tiempo, volvieron a dar muerte a Martí y a su sueño de una patria libre de toda dominación extranjera.

Quizás nunca antes en los últimos años las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos han estado en situación tan difícil. Tanto, que en Cuba se teme lo peor, una acción militar por parte de los norteamericanos, alentada lamentablemente por cubanos de la extrema derecha de Miami, a los que poco parece importarles lo que eso significa para Cuba como nación soberana y para nuestro pueblo, que sufriría las consecuencias sangrientas de tan descabellada idea.

Una idea fruto del odio y la frustración  de aquellos, que no teniendo el valor de morir por su mala causa, pretenden que sean los americanos quienes hagan el trabajo sucio para después repartirse el botín de la república con los nuevos interventores extranjeros.

Los nombres, para qué mencionar. Son los herederos directos del Estrada Palma servil. Los hijos de aquel 20 de mayo de 1902 en que se dio muerte por segunda vez a José Martí.

Los cubanos vivimos en tiempos difíciles. El que odia a los Estados Unidos, viva aquí o viva allá no es un cubano martiano porque del odio no nace el amor a la patria propia. ¿Y acaso puede llamarse cubano al que por pasión de odio, aliente agresiones contra su propio pueblo para satisfacer su irracional venganza? Ni lo uno ni lo otro.

Este 19 de mayo, estamos de luto por la caída del apóstol en Dos Ríos. El 20 de mayo habrá fiesta para algunos. Para nosotros no. Será el aniversario de la fecha en que volvió a morir  José Martí. Lo mataron otros cubanos. Y sus herederos están aquí, en Miami, pidiendo que invadan a Cuba los americanos. ¡Asesinos del sueño martiano!     

Por: Max Lesnik (Tomado de www.lajiribilla.cu)

 

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08/05/2008 GMT 1

El origen del Día de las Madres

mediaz @ 16:53

“¿A quién debemos la creación del Día de las Madres?”.

La idea inicial se debe a la compositora del Himno de la Batalla de la República, la estadounidense Julia Ward Howe, quien, en 1872, lo celebró como Día de la Paz, y poco después como el Día de la Madre, en la ciudad de Boston. No obstante, solo fue una conmemoración local sin mayores pretensiones.

clavelFue el segundo domingo de mayo del año 1907 cuando la también estadounidense Ann Jarvis conmemoró de forma muy discreta, en el estado norteamericano de West Virginia, el tercer aniversario de la muerte de su madre, la señora Ann Reeves Jarvis, quien fuera una importante activista comunitaria, y le dedicó la celebración a todas las madres de su país y del mundo.

Las flores preferidas de la señora Ann Reeves Jarvis eran los claveles, y aquel día, su hija obsequió un clavel rojo a quienes tenían su madre viva, y uno blanco a los que la tuvieran fallecida.

A partir de ese mismo año 1907, Ann Jarvis comenzó una amplia campaña por establecer el segundo domingo del mes de mayo como Día de las Madres. Tuvo varias colaboradoras en este empeño y se dedicaron a sumar adeptos por correo. Así, se enviaron escritos a congresistas, hombres de negocios, intelectuales, etcétera, para interesarlos en el asunto.

Al año siguiente, en 1908, el segundo domingo de mayo fue celebrado como Día de las Madres en la iglesia episcopal de Grafton, West Virginia, y ya en 1909 fueron miles de personas quienes lo celebraron. En 1910, fue una celebración oficial en el estado de West Virginia, por orden ejecutiva de su gobernador.

La campaña porque se oficializara la fecha en toda la Unión Norteamericana se fue haciendo cada vez mayor, y en 1914 fue incluido el segundo domingo de mayo en el calendario federal como Día de las Madres.

La historia cubana del Día de las Madres comienza en el pueblo de los vegueros, Santiago de las Vegas. En el año 1920 un grupo de jóvenes intelectuales, quienes se reunían cada noche en el Centro de Instrucción y Recreo de Santiago de las Vegas, acogieron con calor la idea que propuso uno de ellos, y me refiero a Francisco Montoto ―maestro, periodista, violinista y escritor―, para conmemorar en el segundo domingo del mes de mayo el Día de las Madres, que ese año de 1920 cayó el domingo día 10.

La fiesta se llevó a cabo en el Teatro Popular del Centro de Instrucción y Recreo con un programa artístico-cultural, y las palabras centrales fueron pronunciadas por el propio Montoto. A la entrada, cada asistente recibió una flor roja, si tenía a su madre viva, y una blanca, si había fallecido.

Fue tanto el éxito que tuvo este homenaje, que de él se comentó ampliamente en el matutino El Mundo, de la capital, por un periodista de gran valía, y quien, además, gozaba de la simpatía del público lector: Víctor A. Muñoz Riera.

La idea de darle mayor auge a esta fecha cobró vida en el pensamiento del periodista, quien, a la sazón,  era concejal y vicepresidente del consistorio habanero. Tras una fructífera campaña en la prensa, logró que el Ayuntamiento del Municipio de La Habana acordara celebrar ―con carácter municipal― el Día de las Madres el segundo domingo de mayo de cada año, a partir de 1921.

Causó tanto embullo esta fiesta en honor de las madres, que, por imitación, a partir de 1922 comenzó a festejarse en diferentes lugares del país. En años posteriores logró enraizarse nacionalmente, y ha sido, hasta hoy, una de las conmemoraciones más sentidas que festeja el pueblo cubano.

En la actualidad, en Santiago de las Vegas se hace una doble celebración: Una es la común, o sea, cada segundo domingo de mayo, pero, cada año, el día 10 de mayo el pueblo veguero conmemora también otro aniversario de aquel primer Día de las Madres cubano. Ese día siempre termina en la localidad la Semana de la Cultura, la cual comienza el 3 de mayo, fecha oficial de la fundación del pueblo.

Francisco Montoto, posteriormente, fue nombrado Historiador Oficial del entonces municipio de Santiago de las Vegas, hasta su muerte, en 1940.

A Víctor Muñoz (La Habana, 1873-Nueva York, 1922), por su incansable gestión por llevar este homenaje a todo lo ancho y largo de la República, se le ha considerado muchas veces como el creador de esa fecha en Cuba. Incluso, aparece como tal en algunos monumentos en honor de las Madres en el país, y el nombre de Francisco Montoto brilla por su ausencia.

Por lo tanto, a la pregunta: “¿A quién debemos la creación del Día de las Madres?”, solo cabe responder: “En los EE. UU. y en todos los países en que se celebre, corresponde a Ann Jarvis; y en Cuba, concretamente, a Francisco Montoto”.

Agradezco la colaboración de mi amigo Helio Orovio y de Idania González, directora del Museo de Santiago de las Vegas, por los datos que me aportaron para este trabajo.

De: Fernando Carr Parúas (Tomado de www.lajiribilla.cu)

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01/05/2008 GMT 1

¿Desde cuándo nos llamamos mambises?

mediaz @ 22:51

Cuando el periódico El Cubano Libre abrió sus primeras páginas para difundir los objetivos de la lucha por la independencia, a partir del 18 de octubre de 1868, desde la imprenta La Regeneración, de Bayamo, aún no se conocía el término mambí entre los cubanos.

mambí

El epíteto fue asignado a los soldados dominicanos que lucharon contra la restauración española en su país y en actitud patriótica no se sometieron a su gobierno. Por esta causa las autoridades españolas dieron a la palabra la significación de forajido, maleante o criminal. Mambí también fue un término utilizado en Cuba de forma peyorativa por el periodismo español en la Isla, cuando ya había avanzado la Guerra de 1868, e Ignacio Mora lo denunció en nota donde afirmó que todo lo acepta el cubano menos que se le llame español.

 El patriota camagüeyano escribió sus argumentos en la publicación insurrecta El Mambí, órgano del gobierno de la República en Armas, que empezó a editarse en Guáimaro, Camagüey, el 7 de mayo de 1869. En el primer ejemplar aparecieron sus argumentos para asegurar: "El periodismo español en Cuba quiere hacer creer —y se ilusionan con la idea— que la Revolución ha concluido, y en su impotencia apela apellidar a los patriotas mambises y a otros dicterios con que cree ofendernos..." En los siguientes números profundizó en los aspectos gramaticales de un término que nos acompañará por siempre como símbolo de orgullo patriótico cuando de la lucha revolucionaria se trate. Junto a Mora estuvo la mano de su esposa y colaboradora Ana Betancourt, como correctora de pruebas. Ella quedó al frente del periódico junto a Clodomiro Betancourt, cuando su esposo se integró al campo de batalla como miembro del Ejército Libertador. Tomado de www.cubaperiodistas.cu  

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