El uso del gerundio
Hay quien decide prescindir de él; pero no resulta aconsejable tal determinación; es elegante, y lo necesitamos en muchas ocasiones. Bueno, bueno, un momento, casi pongo la carreta delante de los bueyes. Ante todo, ¿qué es el gerundio? Pues, vamos a un diccionario —no tiene que ser gramatical, uno cualquiera—: «Forma verbal invariable del modo infinitivo, cuya terminación regular es -ando, en los verbos de la primera conjugación, -iendo, en los de la segunda y tercera: amando, temiendo, partiendo. Comunica a la acción verbal carácter durativo; puede referirse a cualquier tiempo, así como a cualquier género y número, según el sentido de la frase de que forme parte: Estuve (estoy, estaré) leyendo». Lo primero que debemos tener clarísimo es que el gerundio hace función de adverbio.
Esto quiere decir sencillamente, que no ha de modificar a un sustantivo. Se exceptúan: agua hirviendo y casa ardiendo. Ya se habla también de: hombres trabajando. O sea, nada de: «Este tomo conteniendo versos»..., ni: «Esa caja conteniendo bombones».
Salíamos de una clase de Español, allá por los años del bachillerato, Berta, una querida amiga de entonces, de siempre, me dijo: «¿Puedes creer que al oír la palabra gerundio, se me acalambra la cara?» Se refería a la dificultad que encerraba para nosotros el entender cuándo sí, y cuándo no, debíamos usarlo. En aquella oportunidad me reí muchísimo; pensé que no era para tanto, pero he de confesarte que ahora se me acalambra, no la cara, sino el cuerpo entero, cada vez que leo, o escucho, el empleo absolutamente disparatado de esa forma impersonal del verbo, que ocupa páginas y páginas de los libros de gramática.
Por su carácter adverbial puede expresar modo, condición, motivo o circunstancia: Llegó corriendo, Hablando se entiende la gente. A veces se emplea como ablativo absoluto: Estando casada con él, salió embarazada.
Otra cuestión que ha de tenerse muy presente es su significado de simultaneidad. Sí, Él entró a la casa gritando de terror, quiere decir que mientras entraba, gritaba; sin embargo: «Él entró a la casa, gritando después de terror», es un soberano disparate. Y por supuesto, mucho menos: «Llegó a nuestras costas el sábado, siendo herido el domingo» o «Tuvo un accidente, muriendo un mes después». ¿De verdad crees que nadie dice cosas como esas? ¡Qué equivocado estás! ¡Deja que yo te cuente!
Por: Celima Bernal (Tomado de la edición digital de Juventus Rebelde)

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