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letraSSueltas
Desde Santa Clara, Cuba.

17/05/2008 GMT 1

Dime cómo hablas y te diré quién eres

mediaz @ 00:39

Es desatinado suponer que el español que hablamos en Cuba peligra por los vulgarismos que lo contaminan y la pobreza léxica de buena parte de nuestros jóvenes. El latín rústico de los soldados, artesanos, agricultores y sirvientes de Roma, originó nuevos idiomas al mezclarse con las lenguas que hablaban los pueblos conquistados a lo largo del imperio.

Desde entonces las llamadas lenguas romances, el castellano entre ellas, NO han dejado de evolucionar, sin ignorar la herencia lingüística que supone para cada una el fondo literario y audiovisual más la tradición oral. Así, las lenguas están HOY preparadas para resistir las agresiones que le vienen de afuera y las que sufren por dentro: el español de Cuba es de las mejor dotadas institucional, social y culturalmente para la resistencia. 

Buenas y malas palabras

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su última edición incluye los giros coloquiales formar o crear una atmósfera, que algunos consideran vulgares y están recogidas allí como cubanismos. Si la palabra condón escandalizaba hace apenas unos años, el VIH hizo de ese un vocablo de los más comunes.

 La vulgaridad es, por lo tanto, cuestión de conducta y NO de términos; cada época, cada generación, dispone de su vocabulario y su fraseología según los halla comunicativos, pintorescos, útiles o necesarios. Cualquiera de los abundantes eufemismos cubanos para designar al aparato genital masculino, aun cuando se refiera a un candoroso vegetal, puede ser muy ofensivo según el contexto y el tono. ¿Por qué, por ejemplo, resulta chocante invocar en La Habana al fruto del papayo?

Educación buena, educación mala

Aunque ciertas palabras son, por su contenido, obscenas o soeces, la mayoría lo son por el modo en que se usan. Más que buenas o malas palabras, existen personas groseras en todos los oficios y ocupaciones: gente de buena o mala conducta, de mejor o peor educación. El robo es tan obsceno como la palabra más indecente; la prostitución es tan inmoral como el vocablo más deshonesto; la vagancia es tan vituperable como la frase más soez; la deslealtad es tan aborrecible como la mayor vulgaridad.

Si hombres y mujeres, niños y ancianos van por ahí soltando gusarapos por la boca como cloacas, es porque NO han sido bien educados. La educación, como cultivo de la personalidad que nos acompaña hasta la muerte, es herencia, es transmisión del medio. Y el medio, ¿quién lo pone?  Por: Alberto Ajón León (Tomado de http://www.radioreloj.cu) 


 

Comentarios

Un Comentario »

  1. me parecen muy interesantes y acertados los comentarios de la correctora del periodico Vanguardia Mary Elena

    cesar | 18-05-2008 - 08:58:41 GMT 1 #

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