Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

letraSSueltas
Desde Santa Clara, Cuba.

17/07/2008 GMT 1

Uso de la reiteración legítima

mediaz @ 02:10

sabinaEn un número musical de Joaquín Sabina, hay una verdadera lección de reiteración legítima (repetición utilizada inteligentemente para conseguir más belleza en la expresión). No puedo sustraerme al deseo de que la conozcas: «... solo quiero, muchacha de ojos tristes, que te mueras por mí, // y morirme contigo, si te matan, // y matarme contigo si te mueres; // porque el amor, cuando no muere, mata, // porque amores que matan, nunca mueren». ¿Verdad que es bellísimo?

Como sabes, «de lo sublime a lo ridículo, nada más hay un paso»; pues ahora quiero contarte algo, lo más cursi que puedas imaginar. Estoy convencida de que la mayoría de los lectores desconocen tal ridiculez; quizá tú tampoco habrás visto nada igual. Se trata de una costumbre ya olvidada, por fortuna: aún en el 54 ó 55 del siglo pasado, se leía con bastante más frecuencia de la que el buen gusto hubiera aconsejado, en la primera hoja de muchos ejemplares: «Si este libro se perdiera // como suele suceder, // ruégole a quien lo encuentre, // que lo sepa devolver; // no pertenece a un ricacho, // que lo puede reponer, // sino a un pobre estudiante, // que lo ha de menester». Aquí, el nombre y la dirección del propietario. Hubo algunos que empleaban, para ello, una letra gótica, como salida de las manos de un monje pendolista del XIV.

Juro solemnemente que jamás caí en semejante cursilería. De haberlo hecho, me habrían enviado mis padres a la cama, de penitencia, al menos por un mes: no era posible, entre personas civilizadas, cometer con impunidad, semejante atentado a la elegancia.

Hubo rimas, de aquellas que se copiaban en los autógrafos, con un grado de cursilería muy cercano al anterior, claro está que no lograban alcanzarlo: «Tres cosas tiene La Habana, // que no las tiene el Perú, // son El Morro, La Cabaña, // y una chica como tú», «Todas las letras me gustan, // y a todas les doy valor; // pero la tal y la tal, // me llenan el corazón». O: «Dale todo cuanto pida // tu juvenil corazón, // dale amor, dale alegría // y dale que ya montó».

Para que no te quedes sin entender el sentido del verso final de esta última cuarteta, aquí te va la explicación. Los conductores de las guaguas, gritaban así al chofer, cuando el pasajero la había abordado ya.

(Por Celima Bernal. Fuente: Juventud Rebelde)

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Contactar con la autora o autor | Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis