Mundos diferentes
Mientras los cubanos preparamos la discusión de un nuevo proyecto de Ley de Seguridad Social más acorde con nuestras realidades y las del mundo actual, agencias de prensa extranjera reportan que la mayoría de los jubilados británicos vive bajo la línea de pobreza y les cuesta sobrevivir hasta el fin de cada mes con su magra pensión, según un informe de la Oficina Nacional de Estadísticas de esa nación.

El grupo Age Concern, que defiende los derechos de los ancianos, informó que muchos pensionados no cobran los subsidios que les corresponden del gobierno, debido a que consideran esos trámites “demasiado complicados”, y subrayó que en Gran Bretaña, los jubilados provenientes de minorías étnicas o raciales “están particularmente en mayor peligro de vivir bajo la línea de pobreza”.
Otras agencias señalan que el gobierno de Estados Unidos estima que más de 400 mil personas en todo el país duermen en refugios cada noche, y muchos más viven en las calles, debajo de puentes o en autos estacionados. Organizaciones sociales dicen que más de 3,5 millones de estadounidenses no tendrán un techo donde dormir en algún momento del año.
Son mundos diferentes aunque no siempre nos demos cuenta de ello, porque desde 1963 la Revolución triunfante puso en vigor el primer sistema de Seguridad Social que garantizaba la protección a los trabajadores y su familia, en sustitución de los viejos, en los cuales imperaba el latrocinio de las cajas de retiro.
No exenta de sueños, la seguridad y asistencia social adecuada en 1980 con la actual Ley 24, ha sido superada por una creciente esperanza de vida y la caída de las tasas de fecundidad y reproducción, con la consiguiente reducción de la fuerza laboral.
A diferencia de lo ocurrido en la mayoría de los países desarrollados y del Tercer Mundo, donde el Estado ha dejado de respaldar con sus presupuestos estos programas y los privatiza, en Cuba, bajo el férreo bloqueo norte-americano, ninguna persona quedó desamparada ni en los años más duros del difícil período especial.
El proceso de análisis por los trabajadores del proyecto de Ley que tendrá lugar en septiembre y octubre próximos, es una reafirmación de cómo en nuestro país es el pueblo quien legisla, respaldado por un gobierno que no dejará desprotegidos a millones de hombres y mujeres, como en otras naciones donde aplican las recetas neoliberales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
El realismo del proyecto lo hace convincente porque amortigua los efectos a mediano y largo plazos en la disponibilidad de los recursos humanos; su aplicación progresiva permite adaptarse al cambio, así como modifica el cálculo, lo cual propicia que la cuantía de la pensión tenga correspondencia con el aporte, el salario y la permanencia laboral.
Por otra parte, hay un consenso, expresado con anterioridad en algunos de los debates del discurso del General de Ejército Raúl Castro el 26 de Julio de 2007 en Camagüey, a los que responde la propuesta de que los pensionados por vejez puedan reincorporarse al trabajo y devengar el salario del cargo y la pensión, de forma que quienes desean y tienen posibilidades físicas de hacerlo, aporten más y ganen en correspondencia con ese aporte.
Conscientes de que para recibir también hay que aportar, no pienso haya objeciones a realizar en el nuevo contexto la contribución especial a la seguridad social propuesta en el cuerpo legal, pues aunque el aporte fundamental siga siendo el del Estado, a ello se suman la contribución de las entidades laborales y de los propios trabajadores.
Como bien señaló el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Alfredo Morales, el Estado garantiza la seguridad social de los trabajadores y su familia ante enfermedades, accidentes, maternidad, invalidez, vejez y muerte, así como a toda la población que lo requiera, sin asociar estos a su contribución individual.
Por ello, hay razones para fortalecer aún más el sentido de pertenencia de esta conquista, por lo cual debemos todos contribuir al presupuesto en la misma medida en que recibamos incrementos salariales.
El proceso de análisis de esta problemática en todo el país dejará sentada nuevamente las diferencias entre nuestro sistema social y el capitalismo, pero siempre sabiendo que nuestro objetivo estratégico es avanzar de manera coherente, sólida y bien pensada, hasta lograr que el salario recupere su papel y el nivel de vida de cada quien esté en relación directa con los ingresos que recibe legalmente, y la importancia y cantidad del trabajo que aporte a la sociedad.
(Por: José Hernández. Tomado de http://www.tribuna.co.cu)

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