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letraSSueltas
Desde Santa Clara, Cuba.

06/08/2008 GMT 1

¿Supersticioso yo?

mediaz @ 12:58

El reciente comentario titulado “Truenos y centellas despiertan las supersticiones en Cuba” —publicado en este blog hace unos días—, de Charly Morales Valido, motivó a Héctor R. Castillo Toledo a escribir este trabajo.

 

La lectura reciente del comentario titulado “Truenos y centellas despiertan las supersticiones en Cuba”, de un colega de la agencia Prensa Latina, resultó más que un aliciente, un pinchazo para lanzarme a escribir este trabajo.

superstición

Y es que Charly Morales, que así se nombra el autor, me ha serruchado el piso debajo de mis pies: foto de 40 por 40 y publicada en la prensa, como diría la canción de Van Van, "para que la gente del barrio sepa a quién se enfrenta".

Razones para un estremecimiento tal de mis musas, varias. Tengo experiencias propias que voy a contarles sin sonrojo, y también anécdotas de familiares y amigos a quienes he visto "retratados" de cuerpo entero en el comentario de marras.

Para ser consecuente voy a sacrificarme y dar el ejemplo primero. Así que, ¡cataplum!, de cabeza a la piscina...

Como necesito del entero conocimiento de ustedes sobre quién soy, y sobre todo para hacerles comprender de qué les hablo, les diré un secreto: soy ateo contumaz. Sin embargo, no han sido ni una ni dos las veces en que, aun a sabiendas de que estaba "echando" para alante el poquito de gasolina restante en el tanque de mi auto Polski, di marcha atrás y vuelta a la manzana que tú conoces después de haber perdido la porfía con un gato negro por ver cuál de los dos, si él —el animal quiero decir— o el "sacapuntas" pasaba primero.

No sé por qué, pero cada vez que me veo en este trance, es el bicho prieto quien toma la delantera. Y ni amarrado cruzo por donde aquel dejó su rastro azufrado, menos aún si antes de perderse de vista el minino se toma el trabajo de voltear su cabeza en dirección a mí con sus ojos brillantes.

Les doy otra pista, porque después de estas confesiones quizás piensen mal: soy graduado de nivel superior en Pedagogía y no recuerdo ya la cifra de cursos de posgrado y diplomados en Periodismo.

Pero les sigo contando de mí. La práctica de no cruzar debajo de una escalera la he llevado a otros extremos, como el de jamás traspasar un puntal de madera de esos que abundan sosteniendo a duras penas paredes amenazantes de venirse abajo. Prefiero describir un giro hacia la calle, por transitada que esté. Y conste que no es por miedo a morir aplastado por una avalancha de ladrillos.

Por si no bastara, les agrego más: no me gusta realizar dos veces el mismo itinerario hacia determinado sitio, incluso si se trata de aquel que por obligación debo cumplir día a día hasta el trabajo o de regreso a casa. Hoy por aquí, mañana por allá, pasado dando tal vuelta... Tampoco me siento con ánimos de salir si antes no tuve la precaución de calzarme primero el pie derecho.

De los truenos y centellas de esas súbitas tormentas eléctricas que estremecen las tardes estivales en Cuba, tema con el cual Charly inicia su historia, les cuento que no clasifico (al menos me he librado de esta) entre quienes tapan espejos o se acuerdan a esa hora crítica de Santa Bárbara. Pero sí tenía un tío materno —Heliodoro, que en paz descanse—, a quien no le apenaban sus más de 230 libras bien distribuidas en los seis pies y varias pulgadas de estatura, para que no más sonara a 10 kilómetros el primer zambombazo iniciara a toda carrera una suerte de ritual que incluía subida inmediata sobre la cama, casi siempre en cuclillas, ordenar de inmediato el cierre a cal y canto de cuanta puerta y ventana estuviera abierta en la casa, y ni siquiera por asomo tocar tijeras o cubiertos metálicos.

En ese apartado me limito a desconectar de la red los equipos sensibles de "morir" por electrocución, aunque conservo el hábito moldeado por el tío ya ausente de, por lo menos, no permanecer expuesto durante uno de nuestros frecuentes desates de truenos.

Tengo un amigo que antes de los partidos de fútbol de su once favorito busca camino al estadio pistas y señales de buen o mal agüero sobre cuál será el desenlace del partido. En son de broma le he propuesto en más de una oportunidad por qué no abre en canal una paloma y examina sus vísceras, tal como lo hacían muchos de los emperadores de la Roma antigua antes de adoptar decisiones cruciales.

Concuerdo con el colega de Prensa Latina en sus apreciaciones sobre la perdurabilidad de "tales supersticiones (...) pese al elevado nivel educacional del pueblo cubano, que las heredó de sus ancestros y las mantiene como una suerte de pintoresco rezago cultural". También con lo paradójico del fenómeno toda vez que se trata, como bien dice, de "creencias sin fundamento racional", pero a su vez la certera consideración de ver el asunto como "parte medular del proceso de formación y consolidación de la nacionalidad cubana".

Si de algo sirviera a futuros estudios socioculturales, agrego a  las liturgias citadas en el comentario una de la cual tuve noticias hace más o menos una década y cuyo origen, al parecer, cruzó por sobre el Atlántico desde España. Guarda relación también con las prácticas relativas al recibimiento del Año Nuevo y es la siguiente: después de las doce campanadas del 31 darle dos vueltas a la manzana donde uno reside, llevando una maleta de la mano. Dicen que es el mejor de los sortilegios para asegurarse un pronto viaje.

Les cuento que de entonces a la fecha lo he intentado siempre..., pero de aquello nada. Sigo anclado en tierra por bueno que los oráculos de Ifá me hayan pintado el panorama en su Letra del Año.

(Fuente: 5 de Septiembre)
 

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