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Desde Santa Clara, Cuba.

11/01/2009 GMT 1

Alfonsina Storni, precursora de la poesía feminista

mediaz @ 17:24

«Voy a dormir» es el título del soneto escrito por la poetisa el 24 de octubre de 1938, un día antes de arrojarse al mar en Mar del Plata:

Monumento a Alfonsina StorniDientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Ese fue el fin del camino para una mujer que inauguró la poesía feminista y que vivió intensamente sus múltiples facetas: actriz, obrera, madre soltera, maestra rural, profesora de teatro, gremialista, cantante, literata y periodista.

Si bien se le reconoce como una de las poetisas más importantes de la literatura argentina, Alfonsina Storni nació el 29 de mayo 1892 en una pequeña aldea del cantón italiano de Suiza.

Cuando tenía cuatro años, su familia se trasladó a la Argentina, específicamente a la provincia de San Juan, y cinco años después se mudaron a Rosario, por entonces un próspero puerto del litoral.

A los 10 años, Alfonsina comenzó a trabajar: lavaba platos en el «Café Suizo» que había abierto su madre para sobrellevar la crisis económica de la familia. A partir de ese momento, la escritora trabajó toda su vida. A los 15 años se empleó como actriz en una compañía de teatro con la que recorrió varias provincias.

Luego estudió y trabajó como maestra rural en Coronda, y para ganar algún dinero extra, los fines de semana viajaba a Rosario a cantar en un pequeño cabaret. Cuando en Coronda se enteraron de esa actividad, la humillaron en pleno acto escolar y Alfonsina decidió volver a Rosario. Allí trabajó como docente y empezó a publicar sus primeros poemas en las revistas locales.

A los 19 años, Alfonsina quedó embarazada de un diputado de la provincia de Santa Fe, casado y mucho mayor que ella. Muchos años después de su muerte se supo que se trataba de Carlos Arguimbau, de 43 años, quien además era periodista y autor de una obra de teatro.

Embarazada y soltera, juntó lo poco que tenía y llegó en 1911 a Buenos Aires, donde nació su hijo Alejandro.

Poco después comenzó a colaborar en diarios y revistas como Fray Mocho, Caras y Caretas, La Nación y Nosotros, y desde ahí fundó una manera de hacer periodismo feminista: se burló de la hipocresía de las señoras de clase alta y luchó con agudeza contra las formas patriarcales y el sometimiento de la mujer.

En 1916, apareció su primer libro de poemas, La inquietud del rosal, al que le siguieron, entre otros, El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919), Languidez (1920), Ocre (1925), Poemas de amor (1926).

Desde sus versos, Alfonsina siguió cuestionando los roles tradicionalmente asignados a la mujer y expresó sus convicciones de género.

La escritora, que obtuvo la nacionalidad argentina a los 28 años, dictó cátedras en el Teatro Infantil Labardén, en la Escuela de Lenguas Vivas y en el Colegio Nacional de Arte Escénico.

En los años 20 y 30 participó de las tertulias literarias que se concentraban en míticos cafés de Buenos Aires, en donde recitaba sus poesías trepada a una mesa, y rodeada de escritores y artistas.

En 1934 publicó Mundo de siete pozos, y en 1938, su último libro, titulado Mascarilla y trébol.

El punto de inflexión en su vida se produjo en 1935, cuando fue operada de un cáncer de mama y entró en una gran depresión. A eso se le sumó que, al año siguiente, se suicidó Horacio Quiroga, un gran escritor argentino con quien se dice tuvo un romance.

Alfonsina le dedicó un poema que presagia su desenlace:

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria...

Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías...
Allá dirán.

Ese mismo año concurrió a un importante acto de la Universidad de Montevideo, realizado en homenaje a las tres grandes poetisas de América, junto a la chilena Gabriela Mistral y a la uruguaya Juana de Ibarbourou.

Luego de muchos meses de reclusión y angustia por la enfermedad, viajó a Mar de Plata, y la noche del 24 de octubre de 1938 le escribió una carta de despedida a su hijo y el soneto «Voy a dormir», que envió al diario La Nación. A la 1 de la madrugada del 25 de octubre Alfonsina —nombre árabe que quiere decir «dispuesta a todo»— abandonó su habitación y se dirigió a la Playa La Perla para escribir su propio final.

Al día siguiente, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa y los diarios de la tarde titularon: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América».

Su trágico suicidio inspiró la canción Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna, que ha sido interpretada por innumerables músicos de lengua española.

Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más
Un sendero sólo de pena y silencio
llegó hasta el agua profunda
Un sendero sólo de penas mudas
llegó hasta la espuma

Sabe Dios qué angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada
en el canto de las caracolas marinas
La canción que canta en el fondo
oscuro del mar la caracola

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
dormida, Alfonsina, vestida de mar

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos
harán una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado

Bájame la lámpara un poco más
déjame que duerma, nodriza, en paz
Y si llama él, no le digas que estoy
dile que Alfonsina no vuelve
y si llama él, no le digas nunca que estoy
Di que me he ido

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
dormida, Alfonsina, vestida de mar

(Fuente: La Coctelera y Wikipedia)

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