El swahili y la supervivencia de los idiomas
Está reconocido que se puede atravesar África desde el Cabo de Hornos hasta Libia y Argelia solo con el dominio del inglés, el francés y el swahili. Esta referencia nos viene también del primer embajador de Guinea Conakry en Cuba, M. Kouyate, y de la corresponsal de Prensa Latina en una decena de países africanos, Lázara Rodríguez Alemán, quien atravesó desiertos, viajó por la Ruta de los Esclavos y conoció la región entre Namibia, Angola y Uganda, así como el Sahel y las selvas occidentales. Para eso había que entenderse en swahili. Lázara dominaba el habla autóctona lo suficiente como para rechazar propuestas matrimoniales de un jefe de tribu de Nigeria.
¿Cómo ha sido posible que un idioma proveniente del bantú en el siglo VII de nuestra era se enraizara en un continente en el que se hablan más de mil lenguas diversas, muchas de las cuales corren el riesgo de desaparecer? Podría decirse que, a pesar de bárbaros procesos de colonización implementados por Inglaterra, Francia, Portugal y España desde el siglo XVII, y no obstante las guerras tribales y los desastres naturales, el swahili se salva y se fortalece gracias a la identidad y a la facilidad del idioma para sostenerse y sobrevivir.
No pasó lo mismo con el quechua, el aymara o el guaraní, hostilizados por los gobiernos de derecha y la clase media de América del Sur, y considerados como una expresión de atraso social que debe desaparecer. En el pasado, me dijo un sacerdote de la Orden Maryknoll radicado en Bolivia, matar a un indígena se saldaba con una multa de cinco dólares. Ahora es cuando empiezan a cobrar vida y dignidad con la elección de Evo y su sabia y prudente política. Ahora son seres humanos y miran al futuro con esperanza.
El swahili es otra cosa. Ante todo, era necesario entenderse en otra lengua que no fuera la del conquistador, un idioma que les diera confianza y que fuera realmente autóctono. Por eso no sorprende que represente al África y sea idioma oficial de la Unión Africana, así como de Tanzania, Uganda y Kenya.
Claro que todo no está resuelto y que aún hay que esperar agresiones contra el swahili y su contribución a la identidad continental. Citemos como ejemplo que el buscador Google ofrece un programa para traducir a 51 idiomas los sitios de internet, sin incluir el swahili. El programa ofrece traducir las páginas de las lenguas a las que están configurados los browsers, lo que resulta diferente al sitio web, afirma Julios Chin, directivo de Google. La traducción automática ofrece lo esencial de la página, desde el albanés hasta el islandés, pasando por el vietnamita, pero sin swahili.
Como se ve, muchos de los 54 países africanos han evitado caer en la trampa de los instrumentos de poder norteamericanos y europeos, y cada vez más despiertan al valor político del idioma. Además, hay una diferencia que abona a favor de este proceso y es la fuerza cultural de una historia que se remonta a más de 4 000 años, como en el caso de Egipto, Túnez y Marruecos, la antigua Cartago y Fenicia, y de los reinos del África subsahariana. El idioma es el corazón del pensamiento y el medio esencial de transmisión que une a los pueblos.
Favorece al swahili su desarrollo, la estructura lexicográfica del idioma y su raíz común, pero sobre todo su contribución a la identidad regional y el hecho de que ha sido utilizado en buena parte en las relaciones comerciales.
Por el contrario, el universo de las nuevas tecnologías y la globalización de los mercados favorece la expansión del inglés y la lenta desaparición del habla tradicional en algunos países, como en el caso de las tribus de la Amazonia y el Orinoco. Es importante que estos procesos se analicen como factor político, a semejanza del carácter social asumido como programa de Estado por el presidente Evo Morales, en Bolivia.
El swahili readelanta al persa y el árabe, de los cuales recibe influencias. También utiliza términos del inglés, francés y el alemán. Lo importante es que su uso refleja una voluntad de acción política, más allá de las relaciones comerciales e incluso religiosa, esta última promovida por los británicos. Este lenguaje se habla en numerosos países africanos y es el idioma nacional de Tanzania, Kenya y Uganda. Debe recordarse que fue Julius Nyerere, primer presidente de Tanzania, quien realizó esfuerzos deliberados para que toda la nación hablara el idioma como expresión de cultura propia y elemento unificador del país.
Una seña, diríamos negativa, de su importancia, es que las más destacadas agencias de transmisión de propaganda radial del mundo, como La Voz de América, la BBC de Londres, la Deutsche Welle, Radio Netherlands y otras de Europa, le dedican horas de emisión porque saben que así pueden llegar al pueblo africano. La atención a estas técnicas de diseño de mensajes abre la puerta al conocimiento de la desinformación y la falsedad de conceptos. Baste decir que uno de los programas de mayor audiencia son las canciones de Michael Jackson, más aún después de su inesperado deceso.
Es importante estudiar los idiomas nacionales, sobre todo los de países pobres y en vías de desarrollo, como el quechua, aymara y guaraní, que son los más hablados en América Latina.
(Fuente: Cubarte)

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